HISTORIA DE LENA

C A P I T U L O  IV

DESDE EL SIGLO XVI - SUCESOS MEMORABLES - LENA, PAJARES Y ARBAS - SUS VICISITUDES Y REPRESENTACION EN LA JUNTA GENERAL DEL PRINCIPADO - PLEITOS Y CUESTIONES CONCEJILES - DECADENCIA Y EXTINCION DE LA COLEGIATA DE ARBAS - POLA DE LENA Y OTRAS LOCALIDADES - HOSPITALES Y PEREGRINOS - LA FRANCESADA - ACONTECIMIENTOS MODERNOS

Señalo el venturoso gobierno de los Reyes Católicos, era de paz para la perturbada tierra asturiana; apaciguáronse los bandos de la gente noble y cesaron las reyertas de los pueblos que secundaban a los señores. Lena debió de seguir a los de la poderosa Casa de Quirós, señoreada al extremo sur del concejo, en Mieres, y no mucho después, levantando nuevo solar con privilegios en la Pola.

Acrecentado y extendido con firmeza el poder real, amparo de los derechos populares contra las pretensiones de codiciosa nobleza, gozó de tranquilidad el concejo de Lena, y a su virtud pudo acudir con arbitrios y derramos, con mesnadas y peones a las gloriosas conquistas de Doña Isabel y Don Fernando.

Cuando por muerte de los inmortales soberanos, espejo de reinas ella, y el, ejemplo de políticos sagaces, ciñó la corona de monarquía dilatadísima Doña Juana, loca de amor, ningún suceso notorio refieren los anales asturianos; y de Lena, por lo tanto, nada de bulto puede referirse por aquellos días.

 Muerto el hermoso, pero inconstante Don Felipe, vino de Flandes el joven Carlos, llamado como César invicto a regir aquellos estados extendidos por los continentes viejo y nuevo; y cuando por azares de la mar arribo a Villaviciosa (Tazones), si los moradores de Lena, noticiosos de su arribo, le esperaron a su paso para Castilla, la peste, que se cebaba en Oviedo, torció la ruta del nuevo gobernante, siguiendo por la costa a la montaña, y de allí a su corte de Valladolid. Parecía, y así fue, que la Historia de España se alejaba al centro de la nación. Los reyes ya no vinieron a la cuna de la monarquía, y solamente llegaron a nuestras montañas noticia de aquel agitado periodo de la Casa de Austria y advenimiento de la de Borbón.

Levantados en armas los Comuneros de Castilla en 1.521, llamaron a los asturianos para el triunfo de su causa; pero lejano el Principado del teatro del alzamiento, estorbó el concurso, amén de la ocupación de todos en Asturias, para restañar heridas  de recientes discordias por diferencias entre poderosas familias y reclamaciones de las clases populares. El corregidor procuró contener a unos y a otros que no prestaron asenso ni apoyo a los mensajeros de las Comunidades.

Desde entonces, bien se sabe que la historia asturiana es simple relación de sucesos locales, luchas interiores en los municipios, cuestiones de jurisdicción en territorios realengos, episcopales y abadengos, aspiraciones a sacudir el señorío, contiendas con el poder externo de la Iglesia, organización de hospitales y gremios, limitación de regimientos populares de enajenaban los reyes, fundación de vínculos y de obras pías, elección de Procuradores para la Junta General, auxilios al rey, etc. En una palabra, la existencia política de Asturias no traspasó la cordillera que la separa de León, aunque el aliento de muchos de sus hijos, hizo famoso su nombre en altos puestos cerca del regio solio y a la cabeza de las Sedes Episcopales, o como caudillos y valerosos soldados por Europa y por América.

De esta suerte, los anales de Lena, a partir del siglo XVI, tienen modesta relación. Como sucesos memorables de su recinto, pueden citarse los trabajos del famoso prelado Don Diego de Muros (Obispo de Asturias de 1.512 a 1.525), asegurando mas fácil comunicación con Castilla en amplia vía, ciñendo las enriscadas montañas para salvar el pavoroso puerto de Pajares. Por aquí desfilo, no mucho después, la fúnebre y aparatosa comitiva que trajo al Principado los restos mortales del espléndido y temido arzobispo Valdés, bienhechor inolvidablelde Asturias, y no mucho después, las banderas y tropas que envío Felipe II. Para presenciar su paso, congregáronse los pueblos del dilatado concejo en jurisdicción de Lena, que en gran parte vio deshecho por devastadores torrentes el nuevo camino real.

Aunque mas conocido por sus escritor del blasón, Tirso de Avilés debe ser estimado por otra interesante obra suya (1), donde refiere de tiempos que le fueron cercanos, sucesos memorables como los apuntados someramente. De nunca vista tempestad, en 1.586 hizo curiosa descripción: El 21 de septiembre, al amanecer crecieron arrebatadamente los ríos y arroyos en muy poco tiempo, y muchas personas afirmaron haber visto manar agua en muchas partes de la tierra donde no la había. Las gentes huían despavoridas y desamparadas; otras buscaban refugio encaramándose a los árboles donde estuvieron dos días y medio sin comer apenas, y como no podían ser socorridos de los de afuera, estos los animaban para que no desmayaran y desvaneciesen en todo el tiempo en que no pudieron pasar a auxiliarles. La inundación cubrió los pueblos ribereños; en heredades y prados quedaron salmones y truchas con gran cantidad de leña, arrastrados por las aguas; y la cosecha de los campos, fue totalmente perdida o cambiada por otra de lágrimas y miseria:

 “En el río Lena,  - escribe el canónigo -, fue tan desapoderado, que derroco muchas casas en Pola de Lena con la Puente del río, que esta pegando a la dicha Pola, la puerta de arco y muralla.

Un cuarto delantero de la casa de Don Sebastián Bernaldo, que a la sazón es señor de la Casa de Quirós, se llevo de la corrada dos horreos que tenia en ella llenos de pan y otras cosas y los vieron ir por el río abajo enteros sin deshacer ni poder ser guarecidos; el uno de los cuales fue con tan grande ímpetu que derroco un arco de la puente de Uxo, que fue gran daño para el Principado de Asturias, especial para esta ciudad de Oviedo por no poder pasar las previsiones de vino y otras cosas hasta que se aderezó”.

Para remedio de tantos males, debió contar el concejo con mas recursos que otros, en atención a su extenso territorio. Conviene advertir que si por datos diplomático Lena figura como ayuntamiento en 1.504, como aduce Vigil, no quiere indicar esto que de entonces date su concejo; referido queda su presencia en la asamblea del obispo Don Pelayo en el siglo XII, y el otorgamiento de su fuero en el siglo XIII, siendo este, con ordenanzas y usos seculares, el código de tan antiguo municipio, cuya organización fue ya mas fija y aumentada desde el siglo XVI, mas frecuente y periódico el “Ayuntamiento”, de sus jueces por los estados noble y general, regidores, alcaldes de hermandad, aguaciles y demás oficios de justicia en la Pola, dirigidos y capitaneados en este pueblo por los opulentos y absorbedores Bernaldo de Quirós. Fundaron allí segundo vincula para su Casa, obtuvieron el Alfereszasgo mayor con dos regimientos perpetuos, y desde 1.576 la depositaria. También perpetua del concejo, con otros privilegios. Lena enviaba a la Junta General y figuraba en el partido de Avilés para la diputación permanente, teniendo aquellos representantes diferente asiento de orden y el número trece al principios del siglo XVI.

Con Lena lindaba la Obispalía de Pajares, el concejo o coto episcopal, nacido a la sombra de magnificas y regias donaciones al prelado de Oviedo, que por si o por su vicario nómbrales los oficios de justicia para la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio con sus correspondientes tributos por penas de Cámara y de Sangre, legales y arbitrarias, mostrencos y otras rentas, pechos y derechos. Tal jurisdicción fue desmembrada y apartada de la mitra, quedando incorporada a la corona por albalá de Don Felipe II, fechado en Lisboa el 19 de febrero de 1.582, autorizada con bulas de Su Santidad Gregorio XIII, de 6 de abril de 1.574. Por otro mandamiento de 23 de julio de 1.583, fue aquel monarca reconocido como señor propietario de la “Villa” de Pajares con su gobierno, vasallos y términos a medio de real poder que para ello presentó Juan de Grijalva. Apenas verificado este cambio de señorío, en virtud de la bula pontificia, Felipe II vendió el coto con su jurisdicción y rentas a Alonso Camino, vecino de Valladolid, “para ayudar a los grandes gastos que se nos han ofrecido para cosas muy cumplideras e importantes al servicio de Dios, Nuestro Señor”. A ello no se avinieron los de Pajares, que no llegaban a cien vecinos, suplicando al monarca que suspendiese la venta y posesión a Alonso Camino, incorporando la antigua obispalía al regio patrimonio y dando la jurisdicción a sus alcaldes ordinarios.

Accedió Don Felipe II, previa consulta con el Consejo de Castilla, y dio nueva posesión al vecindario que abono el mismo precio de la venta anterior, 399.802 maravedis y medio, según la carta de pago de 26 de enero de 1.587, donde se hizo un amojonamiento minucioso de los términos del coto (2). Prospero este con significación y voto de dos procuradores en la Junta General, asiento número 49, entre sus similares de la obispalía, formando en el sexto partido para elección del diputado permanente, siendo sus últimas ordenanzas de 1.787. Aumento su población, cual, entre otros acusa el censo de 1.713, comprensivo del número de vecinos y su tributación (3), esta mas llevadera, compensando prestaciones y trabajos de aquellos montañeses (4).

 En el siglo XVIII, cayo sobre el pueblo de Pajares una avalancha, que arruino mas de la mitad del lugar, con muerte de treinta y cinco personas, y perdida de muchas haciendas. Era por allí como hoy el paso principal y obligado para la comunicación del Asturias con Castilla.
 
Tenia un humilde hospital con modesta renta para sus moradores, pobres y míseros caminantes; pero por aquella situación del pueblo, en la cima del puerto, el movimiento, posada de viajeros y transporte de mercancías, creció notoriamente. Su moderna Iglesia es de 1.861, por ruina total de la antigua. En 1.826 terminó la vida autónoma de Pajares, cuando por Orden Real de 18 de diciembre de aquel año se suprimieron los ayuntamientos particulares de los cotos y jurisdicciones del Principado, mandándose que para su administración municipal y de justicia, se incorporasen a los concejos inmediatos.

Si de igual manera que Pajares nació y creció como concejo propio, el de Arbas también desapareció de la misma manera. En aquellos tiempos del siglo XVI, de continuas guerras y grandes gastos para las dilatadas empresas de España, se verificaron importantes desmembraciones de territorios y señoríos de la Iglesia (5), de acuerdo con la Santa Sede, y compraron y recuperaron los pueblos su propia jurisdicción y gobierno con las atribuciones y signos señoriales de horca, picota, cuchillo , cepo y demás.

 Así el rey Felipe II vendió también en 1.582 a los vecinos de Arbas, la jurisdicción civil y criminal, y tributos que hasta entonces habían tenido los Abades, recompensando esta regalía con un juro perpetuo, llamándose el  nuevo municipio “Arbas del Rey” desde 1.597, para mas fijar su independencia de los antiguos señores. No se avinieron estos a perder del todo sus viejas prerrogativas, originándose de aquí no pocas cuestiones.

Y aquellas cuestiones empeñadas e interminables de la Iglesia y el concejo, se manifestaron con el mismo tesón e igual encono entre los concejos limítrofes, hoy de Pajares con Arbas, mañana de Arbas con Lena, y otro dia de Lena con Pajares, sobre pastos y ganados y otras manifestaciones de humanos intereses siempre encontrados. Fueron tiempos, ya que no de batallar con los eternos enemigos de la patria o de lucha entre elementos señoriales y populares, de incesantes contiendas o pleitos sin fin, desde la primera audiencia de los alcaldes o jueces respectivos al corregidor de Oviedo y Principado, desde la Chancilleria de Valladolid al Supremo Consejo de Castilla, escudándose unos y otros litigantes trasprolijas alegaciones de sus “voceros” cuando no tras de habilidades y picardías de escribanos y curiales. En otras ocasiones buscaban el triunfo de su respectiva causa en alborotos y actos de violencia, no reparando los eclesiásticos en su misión de paz, ni los otros en el respeto que les debían, cuando ni estos ni aquellos querían esperar o confiar a la justicia. En este sentido vivió por muchos años aquel vecindario en agitación continua.

A favor obtuvieron los de Lena sentencia ejecutoria, despachada en Valladolid en 1.549, en pleito con el Cabildo de Arbas, sobre aprovechamientos de Valgrande, que tuvieron en quieta y buena posesión por aguas vertientes al concejo de Lena, desde el mojón del Palo de la Bobia, que dividía en Principado y monte y lo separaba del rió de León, siendo el goce en armonía y mancomunidad con los canónigos de la Abadía. Mas no hay cosa que dure cien años, como reza el popular adagio.

En el verano de 1.679, los canónigos y sus servidores se metieron en Brañilin a “prindar” ganados de Don Sebastián Bernaldo de Miranda, vecino de Campomanes, regidor perpetuo de Lena y Oviedo, señor poderoso por si y por sus allegados, mientras que varios vecinos de Pajares, “prindaban” violentamente bueyes de la Abadía. Las mutuas aprehensiones encendieron el fuego de continuada discordia.

Don Sebastián Bernardo vino contra los de Arbas seguido por regidores del concejo, criados y hombres de Campomanes, Villayana, La Pola, Casorvida, Pajares, Malvedo, etc. armados con “chuzos, escopetas, pistolas, puñales, espadas, lanzas y palos ferrados, enmascarados y disfrazados, para matar a mi y a mis partes”, como depuso el prebendado que se querelló en nombre del Cabildo y en su nombre. A todo iba dispuesto el poderoso señor con sus partidarios, dándoles armas y diciéndoles, “que si los canónigos se oponían a sus derechos y defensa de sus pastos y términos, habían de morir como cochinos”. El encuentro fue así:

Por la cimera del monte Ruipelayo venían cuatro prebendados de paseo en dirección a la casa de “Tibi-gratias”; y próximos a ellos sus criados conducían vacas y cuidaban también las ovejas que pastaban en aquellos contornos. De improviso salieron Don Sebastián y sus hombres armados y enfurecidos “prindaron” el ganado vacuno y lanar de los canónigos, que se opusieron y resistieron el ataque auxiliados por sus servidores. Relucieron las espadas desnudas, juraban y votaban a Cristo unos y otros en la revuelta lucha, y los prebendados bajaban gritando:
- ¡Ah de Dios! ¿que es esto señores?. ¡Haya cortesía y paz! Seamos testigos de como nos llevan nuestra hacienda de nuestro termino.

Entonces Domingo de la Mata, criado del señor y caudillo hizo una raya en el suelo y grito con furia:
- ¡Juro y voto a Dios consagrado y al Santísimo Sacramento, que si dan un paso adelante de esta señal, les tengo de matar!

Cedió la gente de Arbas y, temerosa, abandono sus ganados, que los de Lena se llevaron con gran contento y algazara hasta la puerta de la casa del señor de Figaredo, donde comieron y siguieron a La Pola, para entregar a la justicia el ganado aprehendido, siendo juez Don Lope Bernardo, deudo de Don Sebastián.

La Abadía presento querella criminal contra sus despojadores, y en nuevos cargos y recriminaciones pasaron mas años enconándose los ánimos de una manera indecible. En aquellos opulentos y poderosos señores amparábanse lo colonos, mientras el abad y canónigos, se escudaban en los diplomas reales, en las escrituras de piadosos favorecedores y en el prestigio de su ministerio sacerdotal. Sin embargo, la paz no aparecía por ninguna parte.

En 1.679 habían ya ganado también Pajares otro pleito con Arbas, sobre derechos en el mismo Valgrande, Mortera y otros territorios de bosques y dilatados pastos de aquellos abundantes y pintorescos puertos (6); y en 1.682 otra vez mas litigio Arbas con Lena, sobre análogos goze y aprovechamiento de Brañilin, Candanosa, Colera, Ruipelayo, Llano de Zarzal, Río de Argay, Morteja y majadas de Pajares, Pandoto de Arriba, etc. y por ambas partes se defendía el derecho respectivo de las regias donaciones y otros títulos.

No fácilmente se aquietaron en generaciones sucesivas los agustinos, abad y canónigos de Santa María en oposición a sus vecinos de Pajares y Lena.

Así nuevamente en 1.702, la Abadía demandó a los de Pajares reclamando como suyos y privativos los términos y pastos de las Morteras y Polación que los del puerto con su parroquia y santuarios de Santa Catalina y Santa María decían tener desde tiempo inmemorial, aunque en Las Morteras también tenían predio el obispo de Oviedo y el convento de Bernardos de Valdedios. Seguía el pleito, y el cabildo se impacientó hasta presentarse con sus dependientes en el terreno litigoso y “prindar” allí los ganados. Y esto hicieron con repetición en 1.704 y 1.707.

 Ya en este último año llegaban con las reses a la casa de “Tibi-gratias” cuando “hallaron a Don Juan González Heredia y Lena, mayorazgo de Pajares, que muy colérico y enfurecido, echando mano de la empuñadura de la espada que traía a la gita, yéndose con ella, algún tanto sacada de la vaina, contra Don Rodrigo Ladredo Bernardo, canónigo, diciéndole palabras injuriosas de sayones, ladrones, irregulares contra el y los demás” .Las mujeres de la villa, siguen los autos, con su auxilio tiraron muchas piedras contra los canónigos y los que con ellos venían, de que fue mucha fortuna no haber muerto o roto las cabezas a dichos canónigos y demás personas.

A recurso mas decisivo y terminante en aquellos tiempos de fe, acudieron la justicia y regimiento de Pajares para el mejor esclarecimiento de sus derechos en Morteras, Polación y Valgrande, consignados en diplomas extraviados o sustraídos del arca - archivo de la obispalía.

Solicitaron y obtuvieron en 1.705 del Nuncio de Su Santidad Aquaviva y Aragón una “paulina o requerimiento eclesiástico, que se leyó en todas las Iglesias del reino, para que cuantos retuvieran los regios instrumentos o supieran de ellos, o de otra suerte los mojones y linderos de los términos disputados, lo declarasen en descargo de sus ánimas y conciencia”, y así se llamo a los usurpadores “para que restituyan y digan cuanto supieran bajo excomunión mayor; y si concebidas las personas no hicieran caso a la excomunión, imitando la dureza de Faraón, mas se les apremie en Domingos y festividades”, leyéndose la paulina ente una Cruz cubierta de luto, tañéndose las campanas, matando candelas y haciendo las demás ceremonias que eran de uso y costumbre, como también las maldiciones de los salmos. Dos escudos de oro pidió el abad de Arbas al Notario eclesiástico de Pajares, que fue a notificarle, y le empujó e insultó; pero la paulina dio resultado. A su influjo declararon muchos testigos a favor de Pajares, y hasta algún canónigo detalló los derechos y domínio del concejo del puerto en la codiciada Mortera, para cuya conculcación todos los medios habían sido buenos, incluso el de arrancar el mojón o Cruz de piedra (la Cruz de Humilladero) que estaba en la senda que patria del camino real a la Iglesia de Arbas.

Mas no atemorizaron los envalentonados canónigos. En una noche de mayo de 1.706, se presentaron con espadas y arcabuces, seguidos de sus criados y ayudantes, armados estos con chuzos y fuertes palos en la majada de Panizaliega, cerca de San Miguel del Río, amenazaron a los pastores “con sacarles las tripas” los aterraron y les “prindaron” sus ganados, que llevaron a la Abadía y encerraron dentro del claustro de la Iglesia, donde se enterraba a los pobres.

La curia no tenia reposo - aunque de ello quizás no se doliera - con tan continuadas querellas porque de todas suertes quería el abad y los suyos sostener su primacía y autoridad sobre aquellos territorios. El mismo emancipado concejo abacial fue blanco de sus resentimientos y aspiraciones señoriales, que nunca creyeron ver perdidos, y esto se manifestó ruidosamente en 1.753.

Celebrándose estaba animada y alegre romería en la fiesta de la Natividad de la Virgen, 8 de septiembre cuando el abad Don Santiago Robles y Castañón, auxiliado por unos mozos, detuvo en la cuadra de la casa de un canónigo, al Juez Procurador General, y Escribano del concejo, poniéndolos en cadena, publicando enseguida atrevidos y arrogantes edictos en que se titulaba señor espiritual y temporal del coto redondo de Arbas, suponiendo habilidosamente, que tal coto era cosa aparte del concejo y jurisdicción que el rey Felipe II había desmembrado y concedido a los vecinos. Estos, como símbolo de su nueva y propia jurisdicción, tenían la horca en el sitio llamado Cadaval, frente a la Abadía, como en Vagalamosa y sitio de la Calleja, junto a la fuente, una viga de roble con cuatro brazo y cuatro argollas, el rollo, atributos de la regia soberanía comprada, que los canónigos habían hecho desaparecer.

De lejos venían el olvido de su misión, la tibieza religiosa, las aspiraciones, el afán de mando y de medro de sucesivos abades y canónigos.

 De poco habían servido las pastorales visitas del obispo de Oviedo Don Jerónimo de Velasco de 1.560 a 1.566, dictando atinadas reglas para el gobierno de la Comunidad, habiendo dispuesto además el rey Felipe II, que los abades residiesen en su dignidad. No se avenían aquello altivos prebendados a la dependencia episcopal, consiguiendo de los jueces apostólicos en 1.604 el abad Don Juan Maldonado, que el obispo de Oviedo se inhibiese de su conocimiento y superioridad en la Abadía de Arbas; en 1.610, que los prelados admitiesen las reverendas de los abades y sus canónigos; y una año después, el Maldonado dicto unas Constituciones que abusivamente puso en régimen sin aprobación superior. Aunque por vía de “concordia” vino en defensa de su patronato y atribuciones el obispo de Oviedo Don Bernardo de Caballero y Paredes, estipulando con el abad Don Suero Queipo de Llano, que en lo sucesivo los abades no dieran reverendas, dimisorias y rehabilitaciones, al Prior de la Abadía para cura de almas, con otras, restrinciones, sin previa solicitud de aprobación; los de Arbas eludieron estos y otros acuerdos cuando pudieron.

En mas censurables abusos cayeron los servidores de la Abadía. Por autos de visita de 1.718, el abad Don José Fuentes Castañeda, prohibió a tales prebendados entrar en las tabernas y salir en publico sin alzacuello, hábitos ni siquiera aquella pobre vestimenta que el cronista morales vio a los canónigos similares de Covadonga, mientras los de Arbas usaban hasta montera, redecilla y forros de bayeta blanca con sus vestidos. Que las advertencias y mandatos del Superior no surtían allí efecto alguno, lo demuestran prescripciones análogas en 1.764 por el abad Sr. Robles que censuraba a los canónigos a causa de sus correrías y entradas en lugares que debían apartarse. Se descargaban tales prebendados, alegando su solaz en la Calzada Real, porque no tenían otros sitio para paseos, y allí cumplían mejor con su instituto de amparar y socorrer a los caminantes; pero el abad contestaba que había tabernas en Vegalamosa y Arbas, y que no fácilmente podían andarse por el camino real sin tropezar con ellas, añadiendo con sorna “que poco alivio podían ocasionar a los caminantes, que los mas llevaban vino al Principado”.

¿Podía continuar tal suerte aquella casa de oración y caridad? Su misión estaba bien determinada y otras eran la vida y aspiraciones de sus miembros. El mismo abad Sr. Robles acudió a la Cámara de Castilla contra la jurisdicción del obispo de Oviedo, alegando que a su debilidad abacial correspondía la omnimoda y cuasi episcopal, por la que el prelado acudió al rey con dos enérgicas representaciones. Por una acusa a la Comunidad nada menos que de hallarse entregada a la embriaguez, con los consiguientes efectos de dimensiones y quimeras escandalosas y aún sangrientas;

Y por otra, denunciaba el abandono de la residencia por el abad, mientras los canónigos se presentaban “cargados de vino” en la calle y aún en el coro, según queja del secretario del misma Abadía. Llego a decir el Pastor ovetense que aquello era “teatro de disolución, el mayor borrón de la disciplina y la escuela de relajación de todo aquel contorno”. El Consejo de Castilla se volvió abiertamente contra Arbas y con pretextó de arbitrar recursos para mejorar y dictar cátedras de la Universidad de Oviedo, y fundaciones del obispo Don Agustín González Pisador, proponía la supresión de la Abadía, dudando del provecho espiritual y temporal que allí y para los caminantes había producido, y haciendo otros cargos de los ciertos y exagerados extravíos. No es de olvidar que estos y otros revueltos asuntos fueron entonces generales y aumentados; mas también desde la corte soplaban vientos regalistas  y tras la misión de paz y de gobierno se pretestaban o abultaban sucesos para levantar sobre otros organismos la soberanía del monarca.

Pero la decadencia de la Abadía era evidente por la relajación de la disciplina y otros excesos. Resultan tristemente acreditados estos extremos en autos de visita a Santa María de Arbas que, a propuesta de la Cámara de Castilla, encomendó el rey Carlos III como patrono, al Chantre de la catedral de Oviedo Don Jacinto Díaz Miranda, varón de virtud y letras, erudito humanista, que emitió minucioso y detallado informe en 1.787, después de residir en el puerto y viendo desfilar testigos y acreditarse por testimonio de todas clases de decadencia increíble de la Abadía y sus hombres de Iglesia; que fuera prolijo apuntarlo aquí todo y mas triste todavía considerar sobre ello, pudiendo juzgarse a tenor del siguiente hecho, entre tantos que pudieran citarse. En virtud de Estatutos marchaban los canónigos de sobrepelliz y Cruz alzada a la fiesta de San Bartolomé de “Tibi-gratias”, la hijuela vieja de Pajares, por el 24 de agosto, decían misa y devolvían la Cruz a Santa María sin ningún acompañamiento ni cuidado y aquellos quedaban en la romería, alegrándose como los otros concurrentes “evitando buen ejemplo y devoción por no regresar con la procesión en forma excusando así muchos excesos en comida y bebida.

Vacante la dignidad abacial, los canónigos protestaron de la visita y proposiciones de Don Jacinto Díaz Miranda, que en 1.789 emitió luminoso informe para reorganizar la fundación, asegurar la disciplina, levantar el culto, mejorar las costumbres y otras reformas para la acertada distribución de rentas y mejor servicio y asistencia en el hospital de peregrinos .

Residencia del abad; Aniversario regios; institución de una biblioteca; Los canónigos: no podían usar vestidos impropios de su estado ni salir a los sitios públicos sin la insignias clericales, las amas o criadas que los astillan han de tener acreditada su conducta y tener  la edad de cuarenta años. Por ningún pretesto se les permite entrar en las tabernas, ni beber con especialidad en Pajares, Vegalamosa, Tibi-gratias y Busdongo, y mucho menos pernoctar en dichos lugares.

Sobre este informe se dictaron y aprobaron los últimos estatutos de 1.797, reinando Carlos IV, que no pasaron sin nueva resistencia del abad y cabildo, reclamando contra la reforma y no evitaron sucesivos rozamientos con la mitra de Oviedo, percusores de la supresión de Arbas.

Si pudo se dudosa a los regalistas consejeros la hospitalidad en la Abadía de Santa María y el socorro de los caminantes el traspasar el enriscado puerto, no cabe dudar de su necesidad, porque la numerosa peregrinación de aquellos siglos motivo allí, como en otros sitios de Asturias, numerosas instituciones de amparo en favor de los peregrinos a las Santas Reliquias de San Salvador de Oviedo en camino de Santiago de Compostela, objeto de universal visita. En todas partes, nobles y señores y piadosas gentes, establecieron pública y privadamente fundaciones benéficas, hospitales y alberguería para viajeros pobres y necesitados. Tal aconteció en territorio de Lena, por Pajares, Parana, Campomanes, La Pola y Villayana en camino de la capital del Principado (7).

Humildes eran los emolumentos del hospital de Pajares que últimamente tenia 224 reales y 30 maravedis. Al alivio de transeúntes destinaba parte de sus rentas el párroco de la Abadía de Parana, por la participación en los diezmos de Puente de los Fierros, Congostinas y Cabezón, advirtiendo de pasada que sobre el patronato de aquella Abadía, contendieron el obispo de Oviedo y el abad de Arbas en 1.707, 1.712 y 1.769. De otro hospital en el probable concejo de Puente de los Fierros no hay datos concretos, pero si memoria tradicional en sitio de tanto trafico y de paso tan frecuente como forzado, según proclama el portazgo allí antiquisimo; pero lo había en Campomanes, de patronato de los Bernardo de Miranda, en lazados con los Llanes, Cienfuegos Avilés y Florez, como lo era también la Iglesia parroquial donde tenían privilegio de asiento y sepultura, próxima aquélla al solariego palacio (8).

Hubo otros hospitales, como el de Castiello, con ingresos que bajaron a 174 reales, no mucho menos que el de La Pola, donde su renta descendió a 248; y de principios del siglo XVI dicese que fue la fundación del de Villayana por dos hermanos célibes, que confiaron el patronato al Chantre de la catedral de Oviedo. Los peregrinos llegaban a la puesta del sol,  recibían cena y cama y a la mañana frugal desayuna al proseguir el camino. La obra pía extendía también su acción benéfica a otros fines, teniendo vacas de leche y yuntas de bueyes para socorrer a los vecinos pobres, que no tuviesen ganado propio o en apaceria, con el producto de fincas y censos en Lena y otros concejos, renta que mermó por un préstamo en 1.808 a los comisarios de la carretera de Castilla poco después de las enajenaciones de Godoy y antes de la desamortizaron (9). En el alto del puerto de La Cubilla, camino real del valle de Huerna, hubo asimismo en lo antiguo, al lado de la Ermita de Flor de Acebos, una hospedería para caminantes llamados por la campana en días de niebla o tempestad.

Mientras tanto en el periodo de esos siglos, progreso en concejo, que Fernando VI favoreció en 1.758 al declarar exentos de derechos a la corona los realengos y celleros de Lena, pagando entonces el municipio 1.124 maravedis por tal exención, obligándose además a satisfacer igual cantidad cada quince años en sustitución del impuesto de 700 maravedis a que estaba sujeto por el diploma de Alfonso X El Sabio. Perdido el fuero original o carta - puebla, el rey Carlos III ordeno dar un traslado copia al Ayuntamiento que lo había solicitado (10).

Fue creciendo La Pola, asiento de la justicia y ayuntamiento de sus oficios; localidad que vino a ser centro y nervio del extenso municipio. Dentro del recinto de la villa fue su gente principal la mencionada de los Bernaldo de Quirós, al lado de los Díaz de Miranda, señores de la torre del pueblo, teniendo aquellos el alfereszasgo mayor y posición encumbrada, la mitad de la capilla mayor en la Iglesia parroquial por el lado del Evangelio, con derecho a escaño, tarima y sepultura.

Mas no el patronato, que tenia la Abadía de Arbas que intervino en la obras de reedificación en 1.790 (11).

Prosigamos. Sucesos de memoria perdurable fueron, al espirar esta época moderna, la guerra y revolución de España, cuando la invasión de las huestes de Napoleón; “la francesada”, que aun conserva recuerdos de gloria entreverados de infortunios, las patrióticas relaciones de nuestro pueblo. Los representantes de Lena en la Junta General del Principado, notificaron al concejo el alzamiento de Oviedo contra los franceses en 9 a 25 de mayo de 1.808. Entre desconfianza y recelo desfiló con dirección a la capital el escuadrón de Carabineros Reales mandado por Ladrón de Guevara, y que venia desde Valladolid para contener con otras fuerzas al levantamiento asturiano. Las gentes de Lena quisieron acometerle, y la tropa, por esta continua amenaza que sufrió al encaminarse a Oviedo en los últimos días de junio, llegó ya propicia y dispuesta  a adherirse a la causa nacional.

Entre los preparativos de la Junta soberana, al improvisar un ejercito contra Francia y ser la primera provincia española que a tal inconcebible empresa se lanzaba, entre los regimiento que instituyo uno fue de Lena, formado principalmente por hijos de sus montañas, al mando del coronel Don Juan Dringol, capitán de granaderos del regimiento de Hibernia; Gobernador militar con categoría de coronel de la zona de Lena, fue nombrado por dicha Junta Don Francisco Bernardo de Miranda; y Lena comprendida de San Isidro o del centro, cuando los preparativos de aquellos entusiastas días de la revolución asturiana.

Las fuerzas provinciales que marcharon a Pajares al mando del brigadier Quijano, cubrieron la línea de Campomanes a Gordón, y desde marzo a mayo de 1.809, tuvieron diferentes escaramuzas contra los franceses. Acuerdan los franceses la invasión del Principado; Ney penetra por Galicia, Bonet por Santander y Kellerman por Pajares; y este fue vigorosamente hostilizado el 19 de mayo a la altura de Arbas en la divisoria del puerto, en Argayo, en las colladas de Coito y Pajares. El regimiento Laredo y Covadonga al mando del coronel Manglano, parapetados en aquellos riscos, obligando al general francés a perder hombres y tiempo y a bajar con mucha dificultad en dirección a Oviedo. Aguerridas eran sus tropas y bisoñas la nuestras, pero que sirvieron de aviso al invasor para considerar la tenaz resistencia que entonces y después habían de tener en toda la tierra española (12).

El dia 19 de mayo de 1.809, murrio a manos de los franceses a balazos y con tormentos, Francisco Fernández Escalada de 75 años de edad, no se le dio sepultura, por no permitirlo los enemigos, no recibió sacramento alguno ni testó, según informaron vecinos de Flor de Acebos. El mismo dia también falleció Pedro Menéndez de 17 años de edad en el ataque que dieron los asturianos a la entrada de Pajares, tampoco le permitieron recibir ningún sacramento. El 19 de mayo murió Domingo García San Pedro, vecino de Pajares, no recibió sacramentos ni testó al morir a balazos por los franceses, y fue enterrado en San Miguel del Río, ya que no permitieron se enterrara en Pajares. El dia 23 de mayo fue sepultado en Pajares, José Faes, capitán de la cuarta compañía del regimiento Covadonga, falleció en el ataque contra los franceses. El 13 de junio Catalina González, se le administro el sacramento de la Penitencia.

Al dia siguiente 20 de mayo, se presentó en la Pola de Lena una partida de caballería destacada por Ney desde Oviedo, y sin detenerse paso a la Vega del Ciego disparando tiros, señal convenida de que el Mariscal ya ocupaba la capital de la provincia. Entonces asomo la división de Kellerman, dejando destacamentos en Pajares, Puente de los Fierros, Campomanes y la Pola, llegando enseguida a Oviedo, de donde, el 10 de junio, salió apresuradamente a separar el camino del puerto cuando Worster y Bárcena vinieron sobre Oviedo.

Fueron los nuestros en persecución de los franceses, que hubieran sido mas duramente castigados, si la brigadas de aquellos, mandadas por Cañedo y Piquero, hubieran sido conducidas con mas habilidad y presteza a sitios estratégicos de nuestro concejo. Entonces el teniente coronel Don Fernando Valledor, con Don Juan González de Lena, Don José Toyos, Don Pedro Peña, Don Pedro Fernández Espinedo, Don Antonio Argüelles Mier y otros que reunieron a mas patriotas y soldados dispersos, todo combinado con Don Francisco bernardo Miranda, se colocaron en Sotiello, cayeron sobre los enemigos, los desbarataron y pusieron en fuga y sembraron el campo de muertos sin reparar en enfermos ni heridos. Parapetado el presbítero Don José Fernández Folgueras en la ermita de Santa Cristina, hizo con otros mortífero fuego sobre la carretera, “indignado Kellerman y temiendo con fundamento ser cogido entre dos fuegos, avanza precipitadamente con todas sus fuerzas y consigue pasar el punto que defendiera Valledor, poniendo a salvo a su gente. Entrega a saco todos los lugares del transito, y al fuego ocho casas, las de Valledor y su hermano, las de Don Antonio Mier Castañón, y la del párroco de Castiello, dando además muerte a cuantas personas encuentran,  entre la cuales se encuentran cuatro que, precedentes de la alarma se retiraban a sus lugares. Y a tal grado lleva la indignación que habiendo llegado a Pajares la vanguardia de la brigada formada en el Padrún al mando del capitán de cazadores del regimiento Lena, Don Antonio Areces, encuentra restos horribles de fiereza, y la hoguera encendida de los ranchos, y haciendo de tronco principal un aldeano atado de pies y manos y consumido por las llamas gran parte de su cuerpo”.

La Pola de Lena había sido saqueada e incendiada; reducidos a cenizas el ayuntamiento y archivo (13), y a sangre y fuego arrasaron las huestes fugitivas cuanto hallaron a su paso, destruyendo casas y templos como el de Pajares (14). ¡Tremendos días de desolación y estrago!. En ellos vivieron nuestros antepasados las repetidas invasiones de los franceses; cuando sufriendo el paso de un ejercito, completo, cuando la visita de un cruel destacamento a pueblos indefensos habitados principalmente por ancianos, mujeres y niños.

Cuando la tercera invasión de los franceses en Asturias, la división mandada por el mariscal Bonet, entró por Pajares siguiendo el camino de Castilla; y para molestarle y detenerle, el general Losada había colocado en parapetos de las avenidas del puerto una sección a las ordenes de Don Manuel Trevijano, y situó mas fuerzas en otros reductos de Puente de los Fierros (15). La resistencia fue hábil y las fuerzas españolas se replegaron a tiempo después del ataque del 5 de noviembre de 1.811, mientras el resto del ejercito se ponía a salvo evitando ser envuelto. La línea de Pajares a Oviedo siempre fue defendida con el mayor empeño por los franceses para poder tener por ella fácil retirada a Castilla, según los azares de la guerra. De esta suerte sufrió el concejo de Lena repetidos desastres de la campaña, salvando mejor, cuando al salir por última vez las tropas imperiales francesas de Asturias, lo hicieron por oriente, pensando encontrar, por la naturaleza del terreno, menos obstáculos a su paso.

Desde entonces la los sucesos mas próximos a nosotros, pueden tener fácil y sencilla relación.

En 1.816 y 1.818, los vecinos de la Pola y su ayuntamiento, solicitaron de la corona, con el informe favorable del obispo de Oviedo, la traslación de la Abadía de Arbas a la villa, el cabildo abacial se avenía gustoso.

No conseguido el cambio, de nuevo tornó como en siglos pasados, a las contiendes y expedientes de que dimos cuenta. En 1.829 quiso sostener su jurisdicción “vere nulius”, y prendió al párroco de Casares; las paisanos allanaron la Abadía; el prelado llamo al abad, siendo este desobedecido y no escuchadas las censuras episcopales; pero el obispo de Oviedo incohó severo  procedimiento contra el cabildo rebelde, prendió al abad y canónigos y los trajo a Oviedo con ruidoso aparato entre las bayonetas. Interpusieron estos recurso de fuerza ante la audiencia, y fue el expediente a la Cámara Real. En una y otra forma continuaron los desagradables incidentes, como en 1.830 al pasar el obispo por Arbas, cuando se cerraron las puertas y ventanas de la Abadía, no se tocaron las campanas y sonó insolente “turullu” que excito a los realistas de la escolta del prelado, para hacer fuego sobre el sitio donde la singular bocina. El último concordato suprimió la Abadía.

En la madrugada del 30 de julio de 1.858, llego al alto del puerto de Pajares para visitar Asturias, la reina Isabel II, su esposo y el entonces Príncipe de Asturias, siendo recibida por la corporación de Lena y próceres asturianos en medio de atronador entusiasmo de aquellos pueblos, que tantos siglos hacia no habían visto a los reyes, en su histórico recinto. Por la tarde cruzaron los reyes entre victores, el concejo de Lena y pernoctaron en Mieres. Cuando años después, en 1.878 y 1.884 vino a Asturias el rey Alfonso XIII, acompañado primeramente de su hermana Doña María Isabel, Princesa de Asturias, y de su esposa la reina María Cristina, ya no descendió la regia comitiva por toda la llamada carretera de Castilla en la primera ocasión y menos en la segunda, porque la locomotora se había abierto paso bajo de aquellos altísimos montes, y sobre aquellos temerosos precipicios. Esta obra gigantesca aseguró la comunicación de Asturias y Lena con el resto del mundo, hasta que rudos días de invierno, cuando la copiosa nieve lo cubre todo y arrolla, al descender en avalanchas, hombres, ganados y pueblos (16)

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1 - “Historia de Asturias y sumario de linajes de este Principado”, por Don Tirso de Avilés, hijo de la Casa de Bolgues, canónigo que fue da la Santa Iglesia de Oviedo.

2 - Copia del documento original llamado “Venta Real”, ya que su primera copia había sido pasto de las llamas durante la guerra de la independencia. Los linderos de Pajares con Lena, partían desde el mojón en el lugar llamado” Coto de los Pozos”, siguiendo por las vertientes de la loma de la Collada de Cellancos a Torrecillas; y desde allí por las mismas vertientes abajo y por los collados del Oro al surco y mojón de Vegalnenga; y de allí al llano de Cabo de Villa ya la collada de las Cuevas; seguía al surco de la Llana de las Cuevas, de allí al surco de Cotarrillo, y por la derecha adelante hasta los mojones del Codero y de La Puente. Los linderos con San Miguel del Río eran por el campo del Sordonin, siguiendo por la ladera hasta la cuesta del mismo nombre, sobre la mano derecha hasta el surco alto, también de Sodornin,; y desde allí al canto de los Billares, prado de Valsorneros, canto de las Gosevirias y cabo de la pieza de Santa María; y allí por el arroyo arriba, al camino real, río de Argayos, y por la parte de Arbas con el canto de la Pradera; y desde allí hasta los altos de Vermude y de los Pozos en el punto de partida.
   
3 - En 1.713 el rey Felipe V, mando hacer el censo de población y en el aparece Pajares con cuatro vecinos con mas de cincuenta ducados de capital; doce de menos de esa cantidad; pobres de solemnidad ninguno; y como importe total de todos los capitales, 48.578 reales de vellón.
   
4 - Dice Jovellanos que es tanta la nieve que cae en Pajares, que seria infranqueable, si no se hubiese establecido para estos casos el remedio de la “espala” que se hace con gran cuidado por los vecinos del lugar, lográndose tan gran beneficio a costa de una ligerisima contribución arreglada por la Real Audiencia en 1.753, y cobrada solamente desde San Miguel de Septiembre, a San Miguel de Mayo. 

5 - La venta Real de Pajares fue en tiempos del obispo Don Gonzalo de Solorzano que se opuso cuanto pudo a esta y otras desmembraciones del patrimonio episcopal, eso le ocasionó gran melancolía ver que su Iglesia padeciese tan extraordinaria disminución en su autoridad, y rentas, y murió de tristeza en el año 1.580 en Noreña.

6 - El 3 de agosto, Cristóbal Arias, Santiago y Domingo Alvarez, Domingo Alonso, Domingo García, y otros vecino de Pajares, “prindaron” en la Llana de la Candanosa unos bueyes de la Abadía. Iban armados y usaron la violencia.

7 - Don Fermín Caballero recuerda en su “Nomenclatura Gráfica de España” esta cantar antiguo: “Quien va a Santiago / Y no al Salvador / Sirve al criado / Y deja al Señor. Dicen esto los asturianos porque en el Salvador de la ciudad de Oviedo, tienen muchas reliquias, que estimas mas que las de Compostela.
   
8 - La casa de Campomanes fue una baronía de la de Olloniego, su último señor Don Rodrigo A. Bernardo de Miranda, capitán en Flandes, casado con Doña Catalina Luisa de Dumont, señora flamenca.

9 - La Iglesia de Villayana, donde los Campomanes también tenían distinciones privilegiadas, se llama en el siglo XVII, San Martín de Gargara. Allí fue sepultado en 1.694, don Toribio de Cienfuegos, del hábito de Santiago, Prior de San Marcos de León y Abad de Arbas.
   
10 - Para obligación de esta copia figuran interviniendo en el poder los siguientes: Don Pedro Alonso Vázquez de Prada y Cienfuegos, Juez noble del concejo; Don Meneudo de Llanes Campomanes, del hábito de Santiago: Don Fernando Mirando Ponce; Don Matías de Faes Miranda; Don Alonso Carbajal; Don Francisco Alvarez del Valle; Don Manuel Argüello; Don Bernardo Díaz Quijano, Don José Alvarez Ordoñez; Don Diego Rodríguez Castañón, regidores perpetuos; Don Andrés García Bernardo de Miranda, procurador general y mayordomo de los propios y rentas.

11 - Una memoria de últimos de siglo XV o principios de XVI, esta en la Capilla de Nuestra Señora de La Flor, cerca de La Pola con la incompleta inscripción junto al arco de ingreso: “……..ECLESIA FECIT FIERI, MARTINUS ALFONSUS”.
   
12 - Muchas fueron las víctimas sacrificadas por el invasor, como lo demuestra el libro parroquial de defunciones de Pajares.

13 - Dicese que al quemar las imágenes de la iglesia parroquial de villa, exceptuaron la de San Martín de Tours (Nombre de la parroquia de Pola de Lena) a causa de ser francés, circunstancia que en aquellos ardientes días menguo la devoción del vecindario a su patrono.
   
14 - Entre otras víctimas de los franceses se cuentan Don Francisco Bernardo de Miranda, fusilado con un hermano suyo sacerdote, y a Don Pedro Bernaldo de Quirós.
   
15 - El mariscal Bonet de finura feroz, asesino e hizo enterrar en un establo de Campomanes al párroco de San Isidoro de Oviedo, Sr. Cuervo y a su sacristán, a quienes llevaba presos. En el libro parroquial de defunciones de Pajares consta la siguiente inscripción: Don Juan García Valles, cura propio de esta parroquia de Pajares certifico: que el 7 de julio de 1.811, las tropas imperiales francesas, colgaron por buen español entre dos palos a, Diego Cifuentes, marido de Xabiera de la Vega, vecinos de esta parroquia, dejo por hijos legítimos a Manuel y Antonio. El dia 10 lo enterraron mis feligreses.

16 - En 1.872 se comenzaron las obras para la vía férrea por el puerto de Pajares; en 1.874 se abrió a la explotación desde Pola de Lena a Gijón; en 1.880 se prolongo a Puente de los Fierros; en 1.884 hasta Busdongo, viniendo a inaugurarlo el rey Alfonso XIII. Antes se cruzaba el puerto por malísimas calzadas llamadas “pedreres”, obra del famoso obispo de Oviedo, Don Diego Minguez de Mendaña (Diego de Muros 1.512-1.525), después arregladas por regente Gil de Jaz, hasta que por último con las gestiones de Campomanes y Jovellanos,  se bario la carretera de Castilla, con un presupuesto de 10.069.050 reales, que quedo definitivamente abierta en 1.829.