HISTORIA DE LENA

C A P I T U L O   II

RECUERDOS HISTORICOS - LA FABULA Y LA HISTORIA - NOTICIAS DE ANTIGUOS POBLADORES DE ASTURIAS - HUELLAS DE SU PASO EN EL CONCEJO DE LENA - ESTRACTOS ETNICOS DE DOS RAZAS PRIMITIVAS - TESTIMONIOS DE GEOGRAFOS E HISTORIADORES - ASTURIAS ROMANA - LOS ASTURES TRASMONTANOS EN LA GUERRA CON AUGUSTO - RESTOS QUE SUBSISTEN DE LA DOMINACION ROMANA.

Los pueblos mas antiguos de que guarda recuerdo la historia de España, son los atlantes y los iberos; y según recientes estudios han hecho ver, ambos eran dolicocéfalos, tenían elevada estatura, fuerte osamenta y forman el mas denso de los estratos étnicos de la península. Opinan algunos autores que atlantes e iberos son la misma entidad; y hay discusión muy empeñada sobre si los iberos son los atlantes africanos establecidos en nuestra Iberia, o si vinieron de los países asiáticos. Los que esto afirman (1), hácenles traspasar los limites de Asia y establecerse en la Iberia oriental, o Sapiria, en las faldas meridionales del Cáucaso, dirigiéndose algunas tribus mas al norte, hasta la ultimas estribaciones de los montes Urales, donde se ha creído hallar costumbres e idiomas semejantes a los de los pueblos euskaro; y encaminándose otras al occidente, y poblando en varios puntos, como la Aquitania y la Liguria, cruzan las comarcas del Ródano, salvan el Pirineo, y se extienden hasta los confines del país que desde entonces fue llamado Iberia.

 
Pintaius


Nuevas invasiones de diversas gentes, atraídas por la riqueza exuberante del suelo, registra después la historia. Los ligures, descendientes de una emigración aryana, establecidos en la Liguria antes de venir a nuestra península, o cuando la abandonaron perseguidos por los celtas, que hay distintos pareceres, acamparon en las montañas de la Bética, y tuvieron allí una ciudad importante no lejos de Tarteso, Ligustina. Según Estrabón, los ligures fueron una nación independiente de iberos y de celtas; y por lo que resulta de perseverantes estudios craneológicos, tuvieron caracteres particulares: fueron braquicéfalos, aunque no en igual grado a los celtas. En las guerras con los iberos, o sicianos, debieron conseguir la dispersión de las tribus pirinaicas, por lo que dicen Tucidides y Silio Itálico (2) pero hacia el año 500 antes de Cristo ocupaban, mezclados con familias iberas, las dos extremidades de los montes Pirineos.

Con los informes de un periplo griego de autor anónimo, escrito en el siglo VI antes de nuestra era, y basado en noticias de origen fenicio, compuso Rufo Festo Avenio su obra “Ora marítima”, donde nos habla de los ligures habitando los mas ásperos montes de nuestra cordillera: “Si en ves de navegar a las islas Oestrymnias (3), quisieras variar el rumbo dirigiendo la proa hacia los mares donde la Osa muestra su Carro, surcaras la costa de los ligures, desierta y despoblada de colonos arrojados de allí por los celtas en continuas luchas”. Retiráronse entonces lo ligures a las montañas y fijaron su mansión en las selvas, cultivando tierra estéril junto a las altas rocas que ocultan sus crestas en las nubes. La figitiva gente que se había guarecido en las sierras, dirigía con espanto los ojos al país costeño, escarmentada de anteriores reveses; y después de muchos años de ociosidad y de reposo, fortalecida con la seguridad de su audacia, decidiéronse a bajar nuevamente a la marina” (4).

Como dieciséis siglos antes de Jesucristo, penetraron los celtas en España, no de una vez, sino en irrupciones sucesivas. Eran de origen ibero; atravesaron los puertos del Cáucaso, divagaron durante siglos por los desiertos hiperboreos, en el país de Escitia, y trashumando después con sus mujeres, hijos y ganados hacia Europa, se establecieron en la Galia, y desde allí, navegando en sus barcos de cimbras forradas con pieles fueron a Irlanda unos, y otros vinieron a nuestra península, llegando a las riberas del Garona, donde empezaron sus combates sangrientos con los iberos hasta que ocuparon la mejor parte de su territorio, y aliados con ellos formaron la nación celtibera.

Debieron abordar a Asturias por las playas del Cantábrico, hallando exigua población de Iberos; y es probable que se hiciesen dueños absolutos de la tierra como toda la región del Noroeste, donde en el siglo V antes de Jesucristo, les sitúa Herodoto (5) junto al país de los Cunetos (Cinesios, Cinetas) que son los que mas tarde aparecen bajo la denominación de lusitanos, Astures y Cántabros. Fernández Guerra en su libro “La Cantábria”, apoyándose en la identidad de algunos nombres de territorios y lugares de nuestra región, con otros del país donde vinieron los celtas, reduce la población de Asturias a una circasiana tribu de “Asturicanos” (6) acampados entre el Cáucaso y el mar de Azof, excepto en las comarcas del Eo al Nalón, hasta el nacimiento  del Narcea y del Ibias, que hicieron suyas aventureros pésicos, gente escita avencindada hacia el mar de Aral, el Caspio y los monte Oxios.

Casi al mismo tiempo que los celtas debieron llegar a España los fenicios, arribando a las costas del sur. Aquí establecieron multitud de colonias, para exportar los tesoros de Iberia; plata, oro, cobre, esclavos, lanas, aves, todo fue objeto de su activo trafico, llegando por este medio a ejercer sobre la península entera una especie de soberanía que parece haber durado siglos.

Desde sus primero viajes debieron de tener informes de lo abundantes que eran las regiones que baña el Cantábrico mar en los mas preciados metales; el oro, el cobre y sobre todo el estaño que tanto codiciaban para fundir sus celebrados bronces.

No importa la falta de pruebas escritas, pues la misma descripción contradictoria y confusa que nuestras costas septentrionales y de los criaderos de estaño nos dejaron los antiguos geógrafos, evidencia el cuidado con que los navegantes fenicios ocultaban las fuentes de su comercio, procurando desorientar a los otros con indicaciones falsas (7).

El nombre de Gijón y su leyenda de Hercules y Gixan (8), dan claro testimonio de que los mercaderes de Sidón  y Tiro llegaron allí con sus ventrudas naves, como también a las playas de “pésicos y selénios”, buscando oro de sus montes, el lino de los “Zoelas”, el estaño de Ablaneda y Salas (9), de los cobres de Onís y del Aramo, y es indudable que tuvieron en todo el litoral factorías y estaciones y hubieron de penetrar en el interior, de igual modo que lo hicieron en el sur, fundando a Córdoba, a Sevilla y a Sidónia, para establecer relaciones mercantiles con los “clanes” celtas que continuaban en las minas los trabajos de los iberos, y para dirigirles también, probablemente, en la explotación de los filones.

¿Que indicios hay en la permanencia o el paso de estos pueblos diferentes, en el limitado territorio a que hemos de referir esta breve narración histórica?. Virgen hallara el campo la investigación para toda suerte de exploraciones; y en el ha de trabajar quien intente realizarlo con fruto, sirviéndose  de todos los medios de que la nueva ciencia se vale para rastrear las huellas de razas y civilizaciones primitivas.  Sin despreciar ni un ápice, ella recoge y une los esparcidos restos, procurando la restauración en cuanto pueda.

El uso y la costumbre extraños, porque han perdido su verdadera significación, el nombre de una finca o un peñasco, el conjuro supersticioso repetido por generaciones infantiles, como por los papagayos de América, las reminiscencias de aborígenes idiomas, tienen mas valor histórico que los propios documentos, porque en ese caudal heredado y transmitido de unos a otros, late siempre viva el alma inmortal de los pueblos.

Relacionando el vascuence con los idiomas tártaros, la filología ha descubierto  semejanza entre aquel y estos, y ambos, según expresión feliz de un historiador ilustre, son como los dos eslabones de una gran cadena de pueblos de la misma estirpe que unía esas familias hermanas, y que han roto los siglos.

Las palabras son fósiles en que permanecen petrificadas las ideas. “Los hombres emigran como las plantas y animales”, escribió el Padre Fita al fundar el origen asiático de los Cántabros en la sinonimia geográfica; y Fernández Guerra explicando aquel fenómeno cierto,  recuerda que los españoles del siglo XVI transportaron de igual modo al Nuevo Mundo los nombres de nuestros pueblos y ciudades.

Así nosotros habremos de apreciar, no como casual coincidencia, sino como recuerdos de las iberas tribus en sus emigraciones, la equivalencia onomástica del río “Lena” que cruza las comarcas hiperboreas de la Escitia occidental (10), con los valles de “Lena”, en el norte de Irlanda (11), y la montuosa y pintoresca región cuya historia hoy recordamos (12).

“Vindia” se llama una cordillera de la India septentrional, que separa las tierras del Indo de las del Ganges.

Tolomeo al reseñar los nombres insignies de la España Tarraconense, nombra el “Vindio” (13) cuyos limites, si hemos de guiarnos por los grados de longitud y latitud que les asigna, fueron desde el Bierzo hasta las fuentes del Pisuerga; es decir, comprendieron las montañas que dividen Asturias y León, sobre las cuales están situados también algunos pueblos denominados “Arbas” hasta hoy, que recuerdan la aryana ciudad del mismo nombre en los ásperos breñales de Hircania.

Una población celta (¿Tuiza?) debió tener asiento no lejos del Puerto de La Cubilla, y nos induce a creerlo así la designación de “Puerto de Tilobriga”, “Tulebriga” y “Turlebriga” (14) con que también fue conocido aquel puerto. En las cumbre de Pajares que limitan los concejos de Lena y Aller, sobre el monte de Matarredonda, hay un sitio prominente, o cabezo, que le llaman el Hombre de Piedra, “L’ome de piedra”.

Conservase la tradición de que allí estaba un hito marcando la divisoria de ambos ayuntamientos, y aun se ven esparcidas multitud de piedras de enorme tamaño que acaso fueron parte del mojón. El significativo nombre del lugar y la memoria de que hubo en el un monumento fronterizo, inclinan a creer que fuese uno de los términos que las tribus ponían para acotar su territorio, valiéndose de simulacros en forma de animales, estatuas y otras figuras, símbolos de origen,  de alianza, o de culto (15).

Como síntesis de su investigación epigrafica sobre las inscripciones halladas en Asturias, Hübner vio algún fundamento para creer que hubo allí una religión peculiar, y que se introdujo en aquellos valles el culto Mithriaco.

Fundidos con las costumbres, mudados en tradiciones y consejas, o cristalizados en imágenes y diseños, viven todavía en Lena, mitos y practicas de culto indígena, los cuales cuidadosamente observados, y recogidos con inteligente esmero, serian de valor inestimable.

Un trabajo muy original, que debiera ser imitado por nuestros folkloristas, ha realizado el arqueólogo portugués Sr. Leite de Vasconcellos en su “Estudio ethnographico a propósito de ornamentacao dos jugos e cangas dos bois nas provincias de Douro e Minho” (1.881). llegando a establecer analogías muy curiosas entre los símbolos y las figuras, rayados a navaja, que los boyeros y labradores portugueses usan en los yugos, con los signo y ornatos prehistóricos, y con representaciones del sol y de la luna propias del culto aryano.

Pidiendo informes a los campesinos, reuniendo facsímiles y analizándolos, llego el Sr. Leite a persuadirse de que tales adornos no eran mas que el ultimo baluarte donde se albergaron muchas creencias antecristianas. Ocultas otras en el jeroglífico que con mano inconscientes rayan los montañeses de Lena, en yugos, madreñas y banastas, esperan quien las descifre para entregar su preciado tesoro a la etnografía.

Los pueblos aryos, como los pastores de nuestra majadas, vivían en dialogo perpetuo con la soledad agreste, e interrogaban al cielo observando sus mudanzas y variaciones, que les anunciaban pastos abundantes para sus rebaños, o estériles sequías. El galardón del beneficio era obra de “Agni”, del sol provido y fecundo; y de un tenebroso genio de azote cruel. El bien y el mal estaban simbolizados en la luz y las sombras.

Para la poesía védica la luz que se oculta por la noche, o que entenebrecen por el dia los nublados, la lluvia que aguardan sedientas las campiñas, fueron robadas por un maligno genio que las tiene en prisiones. Armado con un brillantes rayo, Indra lucha con aquel, le vence, liberta la luz y las aguas, y estas caen en los campos y los fecundan, y el sol explende sobre la tierra.

Estas tribus de guerreros y pastores, no vieron en los campos azules del firmamento mas que héroes y rebaños: las nubes eran vacas celestes: leche el agua que encerraban en sus senos; las lobregueces de la tormenta, el establo donde las vacas se hallaban ocultas; y los truenos mugidos de vacas.

Oyendo rezongar, ya próximo, ya lejano de los truenos un pastor de Pajares, en cuya choza yo estaba guarneciéndome de la tempestad, me propuso esta “cosadiella” (adivinanza), que parece un mito aryano en su primitiva sencillez y cuyo sentido oculto era la misma tormenta que escuchábamos:

“Tras d’aquel quentu,
tras d’aquel utru,
relintxa la yegua,
nun paez el potru. (16).

Algunos recuerdos mas de la mitología védica subsisten en otros de esos populares enigmas, que he olvidado, y en tradiciones y cuentos del país.

Las nubes cautivas del mito aryo, son a veces tesoros ocultos, y la amada o la esposa del héroe; con cuyos elementos se formó en las naciones de raza aryana todo un cielo de leyendas. Su germinación y desarrollo, han sido explicados con maestría, no exenta en ocasiones de exageración sistemática, por Don Joaquín Costa (17), a quien seguimos en esta breve exposición.

El ha relacionado directamente con aquel cielo la tradición asturiana del “cuelebre” guardián de tesoros ocultos en cuevas, y de la reina mora, encantada con sus ajorcas, anillos y joyeles en palacios subterráneos. En esas narraciones cíclicas, se localiza y circunscribe a una época histórica el mito del “Rig-Veda” en las vacas aprisionadas por Pani y custodiadas por una serpiente, son rescatadas por Indra.

Igual filiación puede atribuirse a las consejas del vulgo sobre “La Cueva del Saburnín”, en términos de Pajares, y la que en Campomanes llaman “El Pozo de Lago”. Dicen de la primera que allí escondieron riquezas fabulosas los moros, y que algunos permanecen encantados en el recinto, a cuya entrada hay un “cuelebre” o dragón, que son sus ojos lucientes como esmeraldas pone espanto en quien intenta penetrar; y así otras maravillas semejantes.

La Cueva del Lago es un palacio hecho de mármol transparente y oro purisimo, donde hay amplias galerías y estancias primorosas, estanques y surtidores de agua. El rey moro que habitó en el, dejó en secreto lugar:

 “La piel de un buey pinto perfectamente cosida y rellena de monedas de oro, siete mil diamantes de colosal tamaño, infinidad de cadenas de oro y plata de mucho peso, y un número incalculable de piedras preciosas, con un juego de bolos de oro con sus bolas correspondientes, con el cual al amanecer el dia de San Juan Bautista salen a la pradera, o meseta de La Cobertoria, ocho xanas bellisimas y juegan a los bolos hasta que sienten venir un hombre, en cuyo caso desaparecen rápidamente. El desencanto solo podrá conseguirlo, el año en que el dia de San Juan amanezca nevado y sea dia del Corpus, y una cabrera que aquel dia cumpla veintidós años, sea rubia con ojos negros y se llame Sol, para ella serán todas las riquezas del El Pozo de Lago, y además podrá casarse con un príncipe buen mozo y también rubio, pero de ojos azules”. (18).

Otra de las manifestaciones del culto solar fue la veneración de las fuentes, en especial de las caldas, como puede verse en el “Corpus incripstionum”, por multitud de ex-votos dedicados a las ninfas de los manantiales; y próximo al concejo de Lena, en Boñar, ayuntamiento de La Vecilla, existe la fontana termal, donde se encontró un de aquellas lapidas votívas.

Ya en el siglo VI San Martín, Obispo y Abad Dumiense, reprendió aquellos ritos idolatrados que practicaban los labradores gallegos invocando “In fontibus nimphas”, encendiéndoles cirios, “ad fontes cereolum incendere”, y haciéndoles ofrendas de vino y de pan “vinum et panem in fonten mittere”. Ceremonias semejantes del panteismo-naturalista céltico, censuradas también por el XVI Concilio toledano, se conserva a pesar de todo hasta nuestros días en el concejo de Lena, donde en la mañana de San Juan, después de consumido el fuego de las hogueras tradicionales, que son un rito de la misma especie, van las mozas de aquellos lugares vestidas de fiesta, a poner guirnaldas de ramaje florido en las fuentes, y a buscar en ellas “la flor del agua”, que conserva la hermosura y da felicidad y un buen marido a la venturosa doncella que la coge.

Disfrazados de zaleoas o felpudos, cornamentas de vaca o cordero, y collares con cencerros, brincan en migiganda estruendosa, durante los días de Navidad, los “zamarrones” de Erias, Malvedo, Casorvida, La Frecha…, recorren villas y aldeas pidiendo el aguinaldo. Esta singular costumbre corresponde con exactitud a la “Fiesta del Ciervo”, que aun se celebró a fines del siglo pasado (siglo XVIII) en varios puntos del Mediodía francés, y es acaso una derivación del culto a la luna, simbolizada por el ciervo.

De aquel festival “Hennula Cervula”, entre los habitantes del norte de España en el siglo VI, nos daría cabal idea el santo Obispo autor de “Parenesis ad penitentiam” en un libro suyo también, mencionado por el en esa obra, y de cuya perdida se duele así el Sr. Menéndez Pelayo: “Las tima grande que se haya perdido el libro intitulado Cervus o Kerbos,  que escribió San Ponciano de Barcelona contra la costumbre que tenían sus diocesanos de disfrazarse en las kalendas de enero con pieles de animales, y especialmente de ciervo, , para correr de tal suerte las calles pidiendo aguinaldos, y cometer mil excesos y abominaciones”.

Los banquetes fúnebres que según Herodoto, honraban a sus consanguíneos muertos los Tracios, y los Isidones, pudieran proceder de la misma raíz, que el extraño ceremonial luctuoso, usado todavía en nuestros lugares de montaña. donde el dia del entierro los parientes y amigos del finado se reúnen en su propia casa, después de dar sepultura al cadáver, sentándose a la mesa para asistir a suntuoso convite con que el duelo les obsequia. (19).

Si de analizar los sedimento que dejo el caudal de ideas religiosas de aquellas razas en la nuestra, a cuyo inventario pudiera añadirse aún la creencia en los “nuberos” (20), y la “güestia” (21), pasásemos al estudio de las instituciones sociales, no podríamos menos de ver señales de un colectivismo agrario primitivo, en el verdadero ataque al derecho actual de la propiedad consagrado por el uso con el hombre de “derrotas” y en una especie de propiedad común y organización de su aprovechamiento en las llamadas “morteras” de Pajares.

 Muchos lugareños de ese montuoso país, acampados en medio de pastos abundantes, con sus viviendas hechas de pedruscos y argamasa de barro, y cubiertas con losas de pizarra, asocian así, de manera irresistible, la idea de las mansiones y de los “clanes” celtas esparcidos por aquellas alturas y hondonadas. Su fisonomía moral revela asimismo caracteres bien marcados de un civilización primitiva y algunos muy singulares que merecen la atención del sociólogo.

El individuo desaparece sumado con los otros en la única individualidad que tiene representación; el pueblo, o sea el “clan”. Si el individuo significa algo, es en cuanto forma parte de ese todo. Para las gentes comarcanas el miembro de una familia de otro lugar,  no es “fulano” hijo de “tal” y de “cual”, sino que su apellido es el nombre del pueblo a que pertenece, y a quien se atribuyen los agasajos u ofensas que se hacen al individuo; de donde se originan muchas veces verdaderos combates a mano armada entre los pobladores de ligares diferentes que acostumbran a luchar victoreando a su pueblo, dando así testimonio evidente de que por el pelean. Los derechos y la justicia de unos son los de los otros, aún en el orden interior, y el destino de cada cual esta ligado al de la multitud; la venganza se impone a todo como un deber, y la pena del Talión es la suprema expresión de la justicia.

Este fundamental concepto del “clan” solidario se irradia a todas las relaciones de la vida, dentro y fuera del pueblo, pero muy especialmente en lo que atañe a la propiedad, donde se conservan muy arraigadas formas de su origen colectivo que no han logrado extinguir  ni las leyes con su tendencia a favorecer la conversión de la propiedad común en individual, ni la perseverante lucha del interés privado de la familia y del individuo por crearse una esfera de ación independiente del “clan” verificando este movimiento egoísta de concentración en torno de intereses particulares que anteriormente hubo de realizar el “clan” respecto de la tribu.

Después que los labradores y propietarios de Lena han levantado los frutos de sus campos y heredades, como si reapareciese el derecho del pueblo a toda la tierra de su demarcación, meten libremente los vecinos a pastar sus reses en erias y praderas, sin que los dueños de estas puedan estorbarlo; costumbre ya estudiada en otras partes por los historiadores de la propiedad que hallaran aquí un nuevo dato, para sumar a los recogidos por Laveleye, Sumner Maine, Azcárate, etc.

Diodoro de Sicilia, hacia el siglo I de nuestra era, refiriéndose a los vacceos lindantes con los astures, dice que anualmente repartían los campos,  y reuniendo los frutos de todos daban después a cada cual la porción que le correspondía, castigando con pena de muerte al que no entregaba integra su cosecha al acerbo común.

 Una fase en la evolución de la propiedad colectiva a individual, señalada ya entre los vacceos, si apreciamos en su justo valor la dureza con que eran castigados los que intentaban apropiarse los frutos de cultivo, representaban la propiedad común, que desde tiempo inmemorial tienen los vecinos de Pajares sobre una extensa zona de praderas denominada “morteras” (22), y la forma de aprovechamiento colectivo, que ofrece semejanza con la costumbre de los vacceos, según Diodoro.

Con la vecindad se adquiere en Pajares el derecho a la propiedad en común de las morteras, y los vecinos tienen derecho a apacentar allí sus ganados en la porción convenida con anterioridad, o bien dividen en suerte la dehesa y adjudican por aquel año, su parte a cada uno, pudiendo entonces acotarla con sebes hasta el tiempo de recoger la hierba (23).

Merced a importante descubrimiento, como casi todos debido a la casualidad, surgió de las entrañas del Aramo un rayo de luz que permite ver algo de la cultura prehistórica en esta comarca (24), dándonos también idea de los hombres que, en edad remota, vivieron en ella, por los huesos esparcidos en los socavones de una mina, que se unen y arman para comparecer como testigos en el progreso de las razas.

En lo alto del Aramo, en el “Pico del Gamonal”, que se eleva a 6.029 pies de altura, se conocía en los comienzos de este siglo un pozo “natural” de nieve, donde iban a preveerse de ella los de Oviedo, Gijón y Avilés. Formase en aquella cumbre un valle en figura de embudo, y en su fondo había un brocal de dos metros de ancho que daba entrada al pozo, todo de peña viva, sobre el que los torbellinos arrojaban la nieve acumulándola en grandes cantidades. Los que iban a buscarla, bajaban atados con cuerdas a la sima, sin que nunca llegasen  a ver el fin de esta, aunque en años escasos de nieve descendieran mas de treinta metros en su busca, encontrándola de un color negro en aquellas profundidades (25).

Así transcurrieron los años sin que a nadie ocurriese pensar porque estaba allí abierto aquel extraordinario pozo, hasta que en el mes de septiembre de 1.888 subieron al Aramo el ingeniero Sr. Van-Stralen y otros amigos suyos de Lena con objeto de pasar un dia en el campo. Alguien de los que estaba allí se fijo en que las hojas de un árbol se movían a pesar de la calma absoluta del ambiente: aviso de su observación extraña a los demás, e indagando el origen del fenómeno, vieron que al pie del árbol se abría un pozo por donde soplaba con fuerza una corriente de aire fresco. Examinando el boquete, notaronse los primeros indicios de antiguas labores mineras; y rastreando después otras señales, descubrieron los pozos perforados verticalmente en la montaña y puestos en comunicación con extensas e intrincadas galerías, abiertas para la explotación de abundantes venas de cobre.

¿Que gente había extraído aquellas riquezas minerales del Aramo? ¿En que forma comerciaron con ellas? ¿Cuando se abandono esa mina que aun hoy promete incalculables tesoros?. No es posible cerrar estos interrogantes con una afirmación categórica. La tradición oral llega desde remotas edades hasta nuestro oídos repitiendo la palabra ”Aram” con que la lengua semita designo ese monte  (26) en el hay grutas que aun no escudriño la ciencia. Como la conocida por el nombre de “Cueva del Moro” (27).

Y en los profundos senos de la montaña se hallaron despojos de una civilización extinguida,  tales son los elementos de juicio con que se cuenta; pero entre ellos tienen importancia suma los huesos y utensilios allí encontrados, y los caracteres propios de yacimiento.

Aquellas extensas galerías cuyas bóvedas fueron horadadas en el mineral, así como también labrados en el mismo los pilares que las sostienen en los sitios peligrosos, aparecieron en parte impregnadas de hollín, en parte la peña viva tostada por el fuego; y esparcidos aquí y allá en toda la extensión del subterráneo, tizones y carbón vegetal abundante, ramos cubiertos de piel engrasada que ardieron como teas; trozos de beleño (28) quemados por una punta y fijos en pelotas de barro adheridas a la pared de las bóvedas, en cuyas luces también se alumbraron los trabajadores; una fuente a la que servia de pilón el casco de una calavera, martillos de piedra caliza y de varia magnitud (algunos pesan 9,50 kilos), con una ranura circular en la parte media de la superficie, hecha para encajar un nervio o correa que los ceñía y los sujetaba a un mango, si no es que sin el se valían aquellos hombres para su manejo; mazas de piedra también con encajes para que los dedos de la mano pudiesen abarcarlos; picos de asta de ciervo, artesillas planas vaciadas en madera, o hechas de una tabla y un borde leñoso sujeto a ella con espigones de palo, o cosido con cuerdas de tripa, un cuchillo de hueso, con filo muy cortante y punta por los dos extremos; hachas de cuñas de piedra de distintas formas, y una avellana con primorosas labores.

Trazada en la arcilla que llena un hueco de pared en la conjunción de varias galerías, hallóse una cruz “acompañada de dos rayas paralelas horizontales” (29) ; y en otro cruzamiento de diferentes filones, tres piezas superpuestas (la de encima de aspecto calizo y de acentuada blancura), colocadas sobre una roca en el centro de holgada excavación.

Dos esqueletos humanos y muchos huesos de otros catorce que se han descubierto en las minas. Dos de ellos tenían al alcance de la mano sendos martillos de piedra, y uno de tales esqueletos, y otro de los dieciséis, aparecieron sentados con las piernas juntas y las rodillas a la altura de la barba. También se hallaron en el interior de la mina, osamentas de animales, y singularmente la de un ciervo de extraordinarias proporciones.

Al pie de la montaña, cerca de la aldea de Llamo, distante un kilometro de las bocaminas, se encontró gran cantidad de escorias; como si allí se hubiesen realizado algunas operaciones  para fundir el metal, y en los trabajos de explanación necesarios para levantar los edificios de la explotación moderna, se dio con el sitio en que probablemente acamparon los primeros trabajadores. Basta inclinarse en aquel lugar, dice el Sr. Dory, para recoger un instrumento de trabajo o un utensilio casero; crisoles de arcilla refractaria con mezcla de cuarzo molido, fragmentos de ollas de igual masa que los crisoles, espátulas, piedras perforadoras, piedras de afilar, etc, etc.

La simple enumeración de los anteriores descubrimientos es suficiente para apreciar todo el valor que encierran. Por una relación muy animada que se conserva de Plinio, sabemos como se verificaba entonces la explotación de los metales; y puesto que os medios de que se valían acusan un progreso en relación con los que empleaban los mineros del Aramo, el texto de la “Historia Natural”, sirve para circunscribir de alguna manera el periodo de tiempo en que hubo de trabajarse esta mina.

El cobre se extraía como el oro, por medio de labores que Plinio tiene por obra de gigantes, “Valiéndose de galerías que recorren grandes extensiones de terreno, dice, se cruza los montes a la luz de luminarias. Rompen las rocas con fuego y vinagre. Mas como en los subterráneos el vapor y la humarada sofocarían a los mineros, estos suelen emplear para hendir los martillos de 150 libras de hierro. Después los operarios llevan, dia y noche, sobre las espaldas los fragmentos, pasándoselos de uno en otro a través de las tinieblas. Los mineros situados a la entrada de la mina son los únicos que ven la luz del sol”.

En las excavaciones del Aramo quedan señales de que se aplicaba el procedimiento de torrefación que Plinio menciona en primer lugar; y los pozos abiertos verticalmente en la montaña, dieron salida a vahos y humarada, librando de la asfixia a los trabajadores. Aquellos grandes martillos de hierro para quebrantar la roca, no los conocían estos operarios que solamente de piedra, de hueso o de asta fabricaron sus aperos y útiles.

“Pero la peña (continua Gayo Plinio) no es el obstáculo mas difícil; lo es una tierra, especie de arcilla arenisca, que llaman tierra blanca, imposible de atacar por lo dura, si no es con uñas de hierro y con los martillos de que he hablado ya”.

No debió ofrecer tanta resistencia la arcilla que rellenaba todos los huecos de la roca en el Aramo, pues los dedos, de hombres y niños, impresos allá a millares indican que la población minera ni aun se valía para esa operación de los instrumentos usuales mas primitivos, sino que empleaba los rudimentarios procedimientos de que canto en poeta:

Arma antiqua manus, unges dentesque fuerunt

Según autorizadas opiniones, puede calificarse de centros prehistóricos de explotación cuprífera las minas de Cerro Muriano (30), (descubierta por el Sr. Villanova a 8 kilómetros de Córdoba) de Tartesia, y del Milagro de Onís, considerada esta última por muchos como la mas antigua explotación de cobre de Europa. Al par de ellas bien puede mencionarse la mina del Aramo, si no es que su antigüedad es mayor todavía puesto que allí no se hallaron instrumentos de cobre ni herramienta alguna.

Los mazos y percutores de piedra del Aramo son de la misma forma que los de la estación paleolítica de San Isidro, cerca de Madrid; y los martillos de arenisca con ranura en la superficie, por donde pasaba un nervio, se hallaron igualmente que en el Aramo en las minas de Córdoba, de Huelva y de Onís.

La mayor parte de las veces debieron proceder estos martillos al uso del hierro, y Cartilhac (Portugal), refiriéndose a los de la mina del Milagro, tienenlos por indicio de la antigüedad de su explotación, y dice que el hallazgo de tales instrumentos puede atribuirse ordinariamente a una época premetálica.

Muchas osamentas encontradas en el Aramo, fueron cedidas por los ingenieros Sres. Ibrán y Van-Stralen al museo de Anatomía Antropológica de la Facultad de Medicina de Madrid, donde hoy se conservan. El insigne antropólogo Don Federico Oloriz, profesor de anatomía de la mencionada facultad, cediendo bondadoso a mis instancias, expuso en breve nota su opinión a cerca de esos antiguos esqueletos en los términos siguientes:

“Hay 191 piezas esqueléticas humanas y unas 60 pertenecientes a un cuadrúpedo de gran tamaño. Muchas de las piezas están bastante deterioradas; pero en general, conservan integridad y consistencia necesarias para poderlas manejar fácilmente, estudiar las formas y hasta medir las principales dimensiones. El color de los huesos varia entre gris terroso y negruzco brillante como bronceado, y en muchos puntos existe una delgada cascarilla debida, al parecer, a incrustaciones minerales que, al desprenderse, dejan ver el color casi normal del hueso seco”.

“Confrontando una con otras la piezas esqueléticas humanas, se logra reconocer que la mayoría de ellas pertenece a dos sujetos y que las demás corresponden a otros cuatro distintos, por lo menos. El examen de los cuatro cráneos que se conservan y en el de todos los huesos, que poseen diferencias sexuales apreciables permite afirmar que los seis individuos del Aramo fueron del sexo masculino, y alcanzaron la edad adulta, o se aproximaron mucho a ella, pues solo uno de ellos presenta incompletamente soldadas las epifisis, señal de que no había terminado su crecimiento”.

“Pero a la ve se observa tan considerable desarrollo de los miembros y de los quintos morales y un desgaste de las coronas de los dientes, lo bastante marcado para afirmar que esta individuo, el mas joven de todos, debió morir después de los veinte años. También es de creer que los otros tres sujetos cuyos cráneos existen, no pasaron de los cuarenta años,  ni aun llegaron quizás a los treinta y cinco, pues presentan sin soldar todas las suturas, tienen abiertos todos los alveolos y ocupados aun muchos de ellos y no ofrecen mas desgastado el esmalte de los dientes que el joven de veinte años antes referido. Solo tres conclusiones es prudente sacar de los datos y juicios que preceden, a saber: los hombres del Aramo tenían varios de los rasgos osteológicos de las razas prehistóricas; no eran celtas, y pertenecían probablemente a la población autóctona de Asturias que aun persiste”.

Después de esta sumaria exposición de hechos, ya conformes, ya en contradicción con las noticias históricas de tan remota antigüedad, no vamos a deducir afirmaciones que habían de ser provisionales, y resultarían muy aventuradas por falta de elementos de juicio suficientes. Aportamos al proceso histórico algunos datos; en ellos hay a veces claros indicios que orientarán a otros en sus indagaciones, y no aspiramos a mas.

Un texto de Estrabón, muy conocido, debe relacionarse con el testimonio de los hechos, pues de su aproximación y conformidad puede obtenerse alguna prueba. El insigne historiador - geógrafo, (66 antes de Jesucristo al 24 después de Jesucristo) comprende en un cuadro general de costumbres las de todos los montañeses que vivían en la parte mas septentrional de España.

Según sus noticias: fueron esas gentes de austeras y originales costumbres. Gustaban de vestirse con telas pintadas de flores las mujeres, y traían los hombres sayos negros y, como ellas con el cabello largo que recogían sobre la frente con un cintillo cuando se aprestaban a combatir. Eran sobrios en el alimento, que condimentaban con manteca en vez de aceite, y bebían solo agua y “Zytho” (31) en vasos de madera como los celtas; vino cosechaban muy poco, y ese lo consumían en expléndidos banquetes familiares. Comían sentados, los mas viejos y los de mayor dignidad, ocupaban puesto preferente en los asientos que, formando hemiciclo en sus viviendas, tenían adosados a las paredes; y mientras que los vasos de cerveza iban de mano en mano, danzaban los jóvenes al son de una especie de dulzaina. Sin desnudarse, se tendían a dormir en el suelo y sobre unos cabezales mullidos con hierbas. Exponían los enfermos en sitios públicos, según acostumbraban los egipcios, para que los transeúntes que se hubiesen curado de igual enfermedad les diesen su remedio. Para comerciar se valían generalmente de la permuta, o de porciones que iban cortando de una lamina de plata.

Hacían sacrificios al Marte /el sol), de prisioneros, caballos y machos cabríos (32). Celebraban sus bodas a la usanza griega. Apedreaban a los parricidas en lugares desiertos y despeñaban a los demás criminales. Así viven, termina diciendo Estrabón, los montañeses de la parte mas septentrional de España, gallegos, astures y cántabros, hasta la Vasconia y el Pirineo, todos tienen las mismas costumbres, “omnes enin eoden vivunt modo”. Poco mas sabemos de primitivos astures. Gayo Plinio, que estuvo algún tiempo de Procurador en España, contó veintidós pueblos entre los astures augustanos y los tramontanos, y el total de su gente llegaba a 240.000. De aquellas tribus que dice tenían denominaciones bárbaras, “Barbare apllationis” nombra solamente a los cigurros, pesicos, lacienses y zoleas; pero Ptolomeo, sin cuidarse tanto de agradar a oídos cultos, menciona además los briguecios, bedones, salinos, orniacos, lungones, superacios, amacos, tiburos, enumeración que amplían con los nombres de avolgigos, visaligos, y cabruagenigos, los celebres pactos de clientela y hospitalidad escritos con nombre laminado, (tessera) que Mabillón dio a conocer (33).

Se ignora que territorio ocuparon muchas de esas tribus, pero hay fundamento para creer que una de ellas la de los “sainos”, vivió en parte de lo que es hoy el concejo de Lena. El mapa critico que de algunas regiones y pueblos antiguos de España hizo Don Aureliano Fernández Guerra, como apéndice a su magistral estudio sobre la CANTANBRIA, este sabio investigador de nuestras antigüedades, reduce la población de “Nardinium” a la actual de Castiello (34); cerca de la Pola, y sitúa a “Intercatia”, en el lugar de Castro sobre Cangas del Narcea. Ambas poblaciones son capitales de los “selinos” y de los “orniacos”, respectivamente, según el autor de “Enarratio Geographica”, y la región de estos últimos acaso se extendió por la zona sur de Lena, en la antigua Orna (hoy Huerna) si no es que alguna familias de “orinacos” se establecieron allí. (35)

Libre de toda dominación extraña permaneció esta población autóctona durante muchos siglos. Lo indómito de su carácter, su destreza y su arrojo eran inexpugnables como las agudas rocas y los tajos profundos a cuyo abrigo pusieron sus hogares y haciendas. Dos siglos, después que los romanos fueran señores de España, aún los gallegos, astures y cántabros, no están sujetos a su dominio, y en frecuentes correrías por las tierras de los “autrigones” y “váceos” despertaban los recelos de Roma, cuando Augusto creyó preciso venir desde las provincias de la Galia a someterlos (27 antes de Jesucristo).

Ya vencidos después de heroica lucha, gallegos y cántabros, y habiéndose refugiado estos en el monte Vindio, “con la seguridad de que antes llegarían allí las aguas del océano que los ejércitos de Roma”, osan los astures  transmontanos salir al encuentro de las armas imperiales, y salvando la frontera de sus montes, como rebaños de fieras descendieron las autónomas  tribus hasta orillas del “Astura” (río Esla), donde fue la campaña memorable que termino, como un canto homérico, en las ruinas de Lancia (36) (25 antes de Jesucristo).

Arrancados unos de sus inaccesibles guaridas, se le obligo a poblar en los valles cerca de los campamentos romanos, exigiose a otros rehenes, y se vendió el resto, coronándoles con flores según el derecho de la guerra.

Dos años después, volvieron a tomar las armas contra Carisio. Raza feroz, mal avenida con las servidumbres, hizo el último esfuerzo por su libertad, llenando de asombro a los invasores que a sangre y fuego impusieron su dominio (37). Para consolidar la paz, respetaron durante mucho tiempo las instituciones indígenas, a la vez que ocupaban militarmente el territorio con tropas de las tres cohortes que Tiberio destino a guarnecer la costa septentrional.

Entonces fue cuando la dilatada red caminera del imperio extendió por la región de los astures sus últimas ramificaciones para asimilarse al país. Construidas esas calzadas hace veinte siglos, coinciden casi siempre con las modernas vías.

Atravesaba el concejo de Lena pasando por “Nardinium (Castiello) la que terminaba en “Lucus Asturum”, y aún se descubren señales de ella en los montes de Pajares y en otros.

Inexploradas todavía las antigüedades romanas de Lena, poco hemos de añadir por lo que se refiere a las reliquias de esa civilización, conservadas de igual modo en epitafios y ruinas que en instituciones como las juntas de vecinos a son de campana, para deliberar y ejecutar las decisiones del común “conventi publici vicinorum”.

Enterramientos y monedas se hallaron cerca de la capilla dedicada a los santos Emeterio y Celedonio en Muñón Cimero. Muchas lapidas y sepulturas romanas, fueron descubiertas en el siglo XVII en Campomanes; y el Padre Luis Alfonso de Carvallo, de quien tomamos la noticia, añade que por ello recibió el lugar antiguamente el nombre de “Campus Manium”. En el monte “Castiello” de Cabezón, donde a principios del siglo presente (XIX) había indicios de edificación antigua, parece que se recogieron entonces algunas monedas de emperadores romanos, cuchillos y una gran piedra molar. Dando barrenos en cierto peñasco próximo a la carretera de Castilla en términos de Pajares y sitio denominado” Coaña de las Cuevas”, apareció un sepulcro y monedas dentro de el, que fueron donadas a la colección del arqueólogo ovetense Don Francisco Díaz Ordoñez; y un vecino del lugar de La Muela, dicen que fue rico por “un santo de oro” que saco del mismo peñascal, y aun muestran el agujero de donde saco la fortuna.

¡Lastima es que por no haberse inventariado a tiempo tales hallazgos, solo se pueda hacer de ellos esta sumaria indicación!.

-----------------------------------
1 - Don Manuel de Góngora en “Antigüedades Prehistóricas de Andalucía” y Don Aureliano Fernández Guerra en “La Cantabria”.

2 - Algunos dicen que esta emigración de los sicianos ocurrió cuando la primera invasión celta.

3 - Al promontorio céltico, en la región de los ártabros, es el cabo Finisterre.
   
4 - Ora Marítima, libro I, versos 130-146
    .
5 - Libro de “Les Primiers Habitants de L’Europe”de H. D’Arbois Jubainville
    .
6 - San Isidoro dice que los astures tomaron su nombre al río Astura (hoy Esla)

7 - D. José Oliver y Hurtado, aduce a este propósito el testimonio de Estrabón al referir que un piloto fenicio cuando se vio seguido por una nave romana, encallo el suyo para que los romanos no supieran de donde procedía.
     
8 -  “Gigia Antigua y Moderna”, de D. Gregorio Menéndez Valdés.

9 - Acerca de estos criaderos de estaño, explotados en la antigüedad véase el importante estudio de los Sres. Schulz y Paillette, publicado en el “Boulletin de la Societe Geologique de France”.

10 - Es el “Lena” un río de Rusia, en Siberia occidental. Nace en los montes Baikal, pasa por la provincia de Yakutsk donde corre por un terreno enteramente llano, recibiendo por su marcha lenta el nombre de “Lena”, y desagua en el Océano Artico
    .
11 - La llanura de “Lena” esta al pie del monte Cromia en la costa del Ulster, al norte de Irlanda. En los cantos gaélicos atribuidos a Ossian por Macpherson,  figuran muchos los valles y torrentes de “Lena”.
   
12 - En los documentos latinos se llama “Lena” como hoy, pero en el siglo XVI, se escribían y decían “Llena”, efecto de la duplicación que sufre toda “l” inicial en Asturias. Tirso de Avilés saco aquella heráldica, tan estupenda como pésimamente rimada: “Por ser llamada y abundanta, esta bien claro, y me suena, me cuadra el nombre de Llena”

13 - Los Montes Vindios”, publicado en el Eco de León el 17-10-1.865.
   
14 - En un pleito de la abadía de Parana con el Abad de Arbas en 1.710 dice así: “La Abadía de Parana esta sita al pie del Puerto llamado de Fierros de donde nace y desciende un río que viene a juntarse en el lugar de Campomanes, con otro río que viene del Puerto, llamado Tilobriga, que baja por el valle llamado “Huerna”
    .
15 - Refiriéndose a estas manifestaciones del arte indígena en figura de toros, jabalis, caballos. Etc. opina el Sr. Fernández Guerra, que no se ha podido convencer de la verdad de esta observación que califica de “muy aguda” e insiste en creer  que son restos de monumentos sepulcrales.

16 - Tras de aquel collado, tras de aquel otro, relincha la yegua, no aparece el potro.

17 - En su publicación “Mitología y Literatura Celto - Hispanas” Madrid 1.881.
   
18 - La leyenda de el Pozo de Lago, se publicó en “El Pajares” revista quincenal de Pola de Lena, el 15-5-1.891. A esa versión pertenecen los entrecomados del texto.

19 - En el Concilio de Goyanza se acordó dar mas sentido cristiano a esta costumbre, poniendo reparos y cortapisas.

20 - Personaje mitológico asturiano, “El Nuberu”, que hacia llover, vivía en Egipto era alto y feo y usaba capa, cuando le hacían un favor decía: “Si alguna vez vas a Egipto, pregunta por Juan Cabrito”.
   
21 - Personaje mitológico asturiano, que vagan en procesión anunciando males y desdichas.

22 - En varias escrituras de donación de Alfonso III al Monasterio de Santo Adriano, y Natalia de Tuñón, aparecen terrenos denominados “morteras”. Du Cange define así la palabra “mortera”: Palus, locum ubi aqua stagnat.
   
23 - Algunos ven en esta forma de la propiedades elementos de origen aryo como los celtas, y recuerdan el sorteo de tierras entre los visigodos y romanos; las mark germánica se constituyo en terrenos “morteras” que disfrutaban en común
   
24 - En estas minas se encontraron importantisimos vestigios de una cultura muy antigua.

25 - Tomamos estas noticias de las gentes del país que bajaron a la cueva, y enviaron a Martínez Marina para el diccionario geográfico que proyectaba la Academia de Historia, donde hoy se conservan los originales.
     
26 - Aram: grande, elevado.
   
27 - La mayor parte de las cuevas han dado origen a leyendas populares donde viven moros encantados. En una donación de Alfonso III leemos: “In monte Aramo bustum quod dicunt Foios, et bustum Fonte-frida, et bustum quod dicunt Orticeto, et alioOrticeto, et busto quod dicunt Coba, et busto Joanni Panunin, et illa mortera, et busto cuod dicunt Coba maiore, et Coba minore. Estas cuevas a que se refiere la donación ¿serán cuevas naturales, o las bocaminas de explotaciones abandonadas?.

28 - Con tallos de beleño se alumbran hoy todavía en algunos pueblos de nuestra montaña. Los galño-celtas adoraban el sol con el nombre de “Bel” o “Beleno”. ¿Provendrá de aquí el nombre de aquella planta?
   
29 - Para algunos pormenores del yacimiento y enumeración de objetos encontrados, el ingeniero don Alfonso Dory estudia técnicamente esta mina y pone de relieve la riqueza que atesora. El Sr Dory dice que la cruz a que nos referimos tiene forma de cruz romana. Pudiera resultar que fuese el signo “Svasti”.

30 - En tiempo de Plinio era aun muy estimado para la fabricación de moneda, el cobre de estas minas, conocido por los nombres de “cobre Marianao” y “cobre de Córdoba”.

31 - Bebida fermentada, hecha de trigo, cebada u otros cereales.

32 - Los masagetas inmolaban también caballos al sol.
   
33 - La tessera a que nos referimos, fue descubierta en España y llevada a Italia donde la copio Mabullón.
   
34 - Cada tribu tenia su ciudad fuerte, situada en lugar estratégico y defendida con fosos y parapetos, de tierra las mas veces, pero también de mampostería. Allí se refugiaban para defensa los pobladores de la comarca. En el sitio que ocupa hoy el camposanto de Castiello, se encontraron vestigios de antiguas construcciones, así como en próxima eria de Vidriales. Es significativo que muy cerca se conserve en otro paraje el nombre de “Castiello cimero”, y mas arriba aún se llame a una explanada “Los castiellos”.
   
35 - La región de los “orniacos” debió extenderse hasta el Bierzo donde corre el río llamado hoy Duerna, y en antiguos documentos Orna, afluente del Orbigo.

36 - Lancia estuvo a dos leguas de León, entre los ríos Esla y Porma. Según el Sr. Tuñón Quirós, gran parte de la guerra contra los romanos se desarrollo en la zona oriental de Lena y occidental de Aller, donde pelearon los generales Augusto y Carisio. Cerca de Pajares en La Romía tuvieron campamento los romanos, y en las majadas de Fierros su fuerza principal. En Bustohumoso fue el banquete fatal de astures y cántabros antes de rendirse.
     
37 - En opinión de algunos el pueblo de Campomanes, debe su nombre a los romanos que allí dieron sepultura a multitud de compatriotas muertos en una batalla de esta guerra.