HISTORIA DE ASTURIAS

C A P I T U L O   III


MEMORIAS DE LA EDAD MEDIA - EL SUEVO HERMERICO Y EL VANDALO GUNDERICO SE ENCUENTRAN CON SUS EJERCITOS EN LOS MONTES ERBASEOS - SUMISION DE LOS ASTURES POR SISEBUTO - VAGOS RECUERDOS DE UNA POBLACION SOBRE EL LENA - LA RECONQUISTA - TRADICIONES DE TIBIGRATIAS Y DE REPELAO - LENA EN LOS COMIENZOS DE LA MONARQUIA ASTURIANA - MONASTERIO Y PALACIO DE VEGA DEL REY - HUERNA Y LENA EN LOS SIGLOS X  Y  XI - EL OBISPO GUDESTEO Y SU VILLA DE REBORETO - MUERTE DEL REY DON SANCHO EL MAYOR EN CAMPOMANES - EL ANTIGUO MONASTERIO HOSPITAL DE ARBAS DEL PUERTO - ALBORES DEL REGIMEN MUNICIPAL EN LENA Y HUERNA - CARTA PUEBLA DE ALFONSO X EL SABIO - EL FUERO DE PAJARES - RECUERDO DE LENA HASTA EL SIGLO XVI. 


En la general devastación de España por los pueblos bárbaros al comenzar el siglo V, cuando aquellas hordas trahumantes iban dejado en pos de si poblaciones y mieses entregadas al incendio, cadáveres insepultos, el hambre y la peste, libre Asturias de tanta desolación vio llegar a sus puertas, disputándose a Galicia, las tribus feroces de vándalos y suevos.

Refiere Idacio que el año 419 Gunderico, rey de los vándalos, sitio en los montes Erbáseos a los suevos del rey Hermeríco, hasta que por mediación de Asterio, conde de las Españas, abandonaron su propósito los sitiadores y se dirigieron a Bética (1).

“Algunos piensan que esos montes - escribe el Padre Juan de Mariana - son los que en este tiempo se llaman Arbas, puestos entre León y Oviedo; conocidos por un antiguo monasterio que allí hay, y aún dicen que son los mismos que Ptolomeo llama Narvasos”.

Muchos y graves autores sustentan ese parecer, fundándose, principalmente, en la sinominia; pues ya hicimos constar como en varios puntos de las montañas que se extienden desde Pajares hasta Litariegos se conserva el nombre de Arbas, que además se repite en los montes veranos, cerca del río Luna (2). 

Sea cual fuere la puntual situación de los montes en que los vándalos asediaron a los suevos, esta fuera de duda que los astures, ya permaneciesen leales al imperio romano o recobrasen su autonomía, vivieron libres de los nuevos invasores, y hasta en tiempos de Sisebuto (siglo VII) no quedaron definitivamente bajo su poder; a cuya época refiere una vaga tradición local, la fundación de un pueblo a orillas del Lena, donde hoy esta la Pola.

Cien años después ya no existía el floreciente imperio visigodo: Diezmado su ejercito y puesto en fuga por los musulmanes junto al Lago de la Janda, quedaron en sus ciénagas la corona real sin ventura, de quien, vivo ni muerto, nadie supo mas. Desde allí las falanges avasalladoras de Tarik y de Muza corrieron triunfantes por España y esparcieron en ellas el terror y la ruina.

Huyendo despavoridos de la muerte, de la cautividad y el ultraje, llegaban a la cordillera pirinaica, refugiándose muchos en Asturias, obispos y soldados, monjes y labradores, viejos niños y mujeres, llevando consigo las reliquias de sus templos, de la patria destruida, y el ajuar y la honra de sus hogares. Semillas aventadas del campo yermo por el huracán, germinaron al otro lado de los montes al calor y la fe; y España renació en Covadonga, uniendo para siempre, visigodos, romanos y celtíberos.

Cuentan que el rey Don Pelayo con sus bravos guerreros llego a las cumbres de Pajares, persiguiendo a los moros vencidos y dispersos; después de ganarles otra batalla en un lugar que conserva el nombre de “Re-Pelao” vieron alejarse de Asturias a los moros. Libre de invasores el solar de la naciente monarquía, dicen que Don Pelayo con los suyos, dio por ello gracias al Señor en un paraje de aquel monte, que se vino a llamar de “Tibi gratias”.

No habrá sido el territorio de Lena de los primeros en repoblarse, temiendo a nuevas incursiones de los enemigos que ocupaban León. A falta de testimonios fehacientes, la tradición y la leyenda suponen que dos antiguos pueblos de la región cuyas memorias escribimos no estuvieron despoblados entonces. Según algunos, Alfonso II el Casto repobló Campomanes, otorgándoselo en feudo a Johan de la Cruz, por servicios propios y de los montañeses de Orna (Huerna), afamados honderos; y cuentan que en un asalto a Castiello, la vieja “Nardinium” por las tropas del mismo Alfonso, un judío converso que en ellas militaba, lucho con tal coraje aún después de perder ambos ojos en la pelea, que el rey premió a héroe invalido dándole toda la vega próxima, después llamada, “Vega del Ciego”, por ser suya.

En el siglo IX ya tenemos noticias claras y seguras de los territorios de “Orna” y “Lena”. Allí, como en toda la abrupta porción de monarquía restaurada, las primeras flores que brotaron en la tierra que anego la conquista, fueron joyas del arte cristiano, no extinguida totalmente en la catástrofe. En torno de la Cruz de Pelayo fueron reuniéndose los  pueblos libres, al amor y al abrigo de las instituciones religiosas.

Cinco monasterios, probablemente de la Orden de San Benito, situados en diversos puntos de la comarca, indican otros tantos centros de población. Sus monjes de igual modo que Fromistano en Oviedo, y Felix en Obona, a la vez que roturaban eriales, surcaban los limites de un poblado.

San Pedro y San Pablo de Felgueras, (hoy Santa Cristina), Santa María de Parana, San Claudio de Erias, San Eugenio de Moreda y Santa Eulalia, (3) eran los nombres de esos monasterios; y aunque no se conoce la fecha de su fundación, como a casi todos se menciona en documentos de principios del siglo X es seguro que en el siglo IX ya existían (4).

De uno de esos cenobios, edificado no lejos de Felgueras y sobre la Vega del Rey, conservase aún afortunadamente el templo dedicado a San Pedro y San Pablo Apóstoles por el abad Flaino, como se lee en la inscripción votiva.

En el siglo XII había desaparecido el monasterio, si a de creerse al padre Argaiz, y la ermita en que paro la iglesia con tierras y heredades que tiene al contorno se anejaron al monasterio de San Salvador de Valdedios, por donación del emperador Alfonso VII (5). No se pudo comprobar, mas en el incendio del archivo de Valdedios en el año 1.348, pudo destruirse el privilegio a que se refiere el Padre Argaiz, y ,lo habrá visto en alguna copia, si no es también de que la tradición obtuvo la noticia; pero resulta indudable que en el siglo XV Valdedios poseía los terrenos próximos a Santa Cristina de Lena (5).

Atribuíase en el siglo XVI a Ramiro I, la fundación del ermitorio, y haber construido por allí un palacio cuyas ruinas y cimientos se mostraban entonces el lugar que por sincopa llamaron “Paz del Rey” (6) así como Vega del Rey, a la que esta cercana; tradición fortalecida por el hecho de que junto a las iglesias del Naranco, de Ramiro I también, y a las que se parece mucho en su ornamentación la de Santa Cristina hubiese dispuesto edificar el propio soberano, “Palatia et balnca pulchra atque decora”, según coetáneos anales, pudiendo haberse elegido de igual suerte para estancia real este lugar de Lena.

La semejanza, identidad a veces, del templo de Santa Cristina con los otros fundados por Ramiro I, y en particular con el de Santa María del Naranco, erigido en el año 848, induce a creer próxima la fecha de esas construcciones, hipótesis aceptada por la mayoría de los arqueólogos que las estudiaron, y en donde se apoya la opinión general de que la capilla de Lena, es obra del siglo IX.

Aislada sobre un cerro por el amor a la soledad, permanece después de diez siglos esa delicada labor del arte cristiano, donde místicas abejas susurrando oraciones, fabricaron la miel de su vida penitente.

La pequeña ermita se hace notar desde luego por su traza. Lo reducido de sus proporciones, su pequeña perspectiva que contribuyen a formar no ya los ángulos entrantes y salientes de los muros, sino treinta y dos contrafuertes prismáticos que la flanquean, ofrecen un conjunto en extremo agradable, cuya armonía interrumpe el moderno campanario que pesa en la fachada principal del oeste.

Por su estructura típica que permanece intacta desde el siglo IX; por el tono marcadamente oriental que baña el conjunto y resalta en los detalles; por sus dimensiones y la escasez de recursos con que se fabricó este  monumento, dificilmente ha de encontrarse otro mas original entre todos sus contemporáneas dentro y fuera de la península (7).

Si del antiguo monasterio de San Pedro y San Pablo resta la joya del arte que acabamos de admirar, de los otros que hubo en Lena, solo el recuerdo permanece.

Cuando piadoso rey Alfonso III donaba a la Iglesia de San Salvador el convento de San Claudio, entre Orna y Lena, y su próximo casar llamado Erias, debe presumirse que la fundación monástica no era reciente, si esas erias que dieron nombre al lugar, fuesen como es probable, las que empezaron a labrar los monjes antes de agruparse allí la población agrícola. Nada mas sabríamos de esta casa religiosa, a no ser porque dos heredades guardan memoria de ella. Llamase una, “Viña del Monasterio” y “Monasterio” otra donde se hallaron sepulturas y un badajo de campana con su cadena pendiente. Los despojos del convento dícese que se emplearon en construir las vecinas casas de La Frecha, y en algunas se advierte señal de viejos materiales.

Del Huerna en las orillas se alzaba el monasterio de Santa Eugenia de Moreda, rico en propiedades a juzgar por la demarcación de su territorio que hace Bermudo II, cuando ordena en 992 que cuantos habiten o hayan de habitar dentro de aquella comarca, vivan sujetos al servicio del monasterio, conminando con penas a los transgresores, y a los que allí cometiesen algún delito.

En el siglo XVIII, se conserva la tradición de que el monasterio dedicado a Santa María de Parana, sobre el río “Ferros” o Serros”, había sido de monjes benedictinos que tuvieron allí sus casas y granjas con viñedos (9) aforándolo todo  a los moradores de aquellos lugares, al abandonar los religiosos el Monasterio para vivir quizás en el de San Pedro y San Pablo de la Vega del Rey (10). Nada cierto se sabe de cuando esto sucedió, pudiendo afirmarse únicamente que Parana en el siglo XIV, ya no era mas que Abadía (11).

Y aun deberíamos creer que en la segunda mitad del siglo XII, estuvo el convento abandonado por los religiosos, de referirse a cierta escritura que el Abad de Arbas alego en pleito con el prelado ovetense sobre el derecho de presentación a la Abadía, escritura en la que Vela Pelaiz, Oria Pelaiz, y otros participes en el Monasterio de “Paraias”, lo donan al hospital de Santa María de Arbas y a su Abad, a condición de que ponga un presbítero que ruegue a Dios por las almas de sus parientes.

A fines del siglo X, los infanzones de Lena, valiéndose de malas artes, usurparon a la Iglesia de San Salvador los monasterios de Moreda y de Parana; mas apenas Fernando I ciñe en su frente la corona de León, movido de su piedad, se apresura a restituirlos a la iglesia desposeída; establece al mismo tiempo sabias disposiciones para evitar despojos semejantes, y concede exenciones extraordinarias a los vasallos de San Salvador, tanto libres como siervos interesando de este modo su fidelidad (12).

La adscripción perpetua por “obnoxación” (13) que establece Bermudo el Gotoso, para cuantos habitaran o viniesen a habitar en términos del cenobio de Moreda; la sanción penal que impuso a los transgresores y a los que cometiesen actos de violencia en dicho coto; y es otra especie de fuero que Fernando I concede en general a los vasallos de la Iglesia de San Salvador, y particularmente a los adscriptos a los monasterio de Moreda y Parana, muéstranos como desde fines del siglo X fue preciso atajar las rebeliones de siervos, clientes y colonos, apoyadas muchas veces  por los infanzones con la intención perversa, y que fueron el primer indicio de la aspiración de los pueblos a ser autónomos, desarrolada en contiendas frecuentes y deplorables con la Iglesia de Oviedo, dueña de gran parte de Asturias por voluntad y alta política de sus reyes.

Estos, según el derecho visigodo, eran señores de todas las tierras conquistadas, pero de hecho solo poseían las que expresamente se reservaron. Pobres de recursos para atender a las imperiosas necesidades de la guerra, en cuya persecución exclusivamente habían de emplearse, devastado por ella el suelo, fuente casi única de producción, era preciso atender a la defensa de los territorios dominados, fomentar su repoblación inmediata, estimular las faenas agrícolas.

Unas veces premiaron los servicios militares de los nobles con la propiedad de comarcas para que en ellas levantasen fortalezas y con sus siervos y vasallos las poblasen y defendiesen; en otras ocasiones dieron a la Iglesia el señorío de tierras y lugares, ya por mera devoción y piedad,  o porque les franqueaba sus tesoros y con ellos mantenían las huestes; ora concedían terrenos para su cultivo, a los monjes que huyendo de los musulmanes se refugiaban en Asturias con las reliquias de los Santos, que, expuestas de nuevo a la veneración, atraían las fieles multitudes aun mas que las carta - pueblas y los fueros; o sancionaban la “presura” (14) de fugitivos señores, que con sus familias, clientes y ganados ocupaban yermos parajes.

Algunos nobles, dueños de haciendas limítrofes, se organizaron para la resistencia, eligiendo a uno por caudillo y le daban el diezmo de lo que labrasen, con que debía atender a los gastos de la guerra, al mantenimiento de todos en hueste, y a la sustentación de los clérigos y de las Iglesias que habían edificado (15).

Iban así formándose las cédulas de aquel organismo social; pero con independencia rudimentaria, sin otro vinculo que el del suelo y la fe religiosa, sin mas fuerza de cohesión que la defensa común organizada con carácter permanente o transitorio.

Inseguras las fronteras, el solar invadido en frecuentes algaradas, los magnates rebelándose a menudo contra el rey, o en lucha unos con otros, solamente la guerra y la anarquía pudo ser el estado social del reino de Asturias y León en sus primeros años;  y para poner a cubierto sus personas y sus bienes en aquel conflicto de fuerzas individuales, los débiles se ampararon de los poderosos, aumentando así su predominio.

Atentos sin duda los monarcas asturianos a esa peligrosa fermentación de ambiciones, robustecieron el señorío de la Iglesia de San Salvador, en quien tenían el mas poderoso auxilio moral y material del principado.

Por eso las donaciones de pueblos y lugares que a la Iglesia hicieron, quedo escrito el desarrollo de la población en Huerna y Lena.

Se sabe por informes muy seguros que en los siglos IX y X, además de los monasterios susodichos, ya existían o estaban repoblados, el lugar de Veiga (junto a Piñera), en el valle de “Orna”, y una Iglesia fundada bajo la advocación de San Pelayo, cuyo lugar tenia por términos  a “Pinnera de Sorores, Rogatas, Arvalicto, el río Orna, etc.” (16); Campomanes entre le Huerna y Lena, con su templo dedicado a Santa María, obra del siglo X, que hasta hace pocos años conservó los capiteles primitivos, de gusto oriental.

Sobre Lena, Castiello donde aun se ve la antigua portada de su Iglesia, que desde entonces se llamó de Nuestra Señora; Guiedoro con las de San Andrés y San Salvador; Banao, que son su templo veneraba por patrono a San Feliz (17); y en márgenes de Lena, la Iglesia de Santa Eulalia en Villansio (18); Terminalia (¿Columbiello?) con la suya denominada de San Vicente; y un templo de fabrica bizantina consagrado a San Martín, que corresponde al actual de Villayana, donde hay restos de aquella arquitectura en el ábside circular y en su cornisa exornada con canecillos alegóricos (19).

Entre esas poblaciones estuvo la de Roboreto, acaso de las mas antiguas y principales, edificada al pie de la que hoy es Pola de Lena, en el arrabal que conservó romanceado el nombre de Robledo. Permanecen sus vestigios en ruinas y sepulcros, y probablemente allí procedió una lapida que primero estuvo en el lienzo norte del templo parroquial de La Pola, y después sirvió de asiento en el portal de la casa de Don Fernando García. La inscripción dice así:

+ Joanni sepulcrum
in era 924.

Pero no hay noticia de Roboreto hasta los primeros años del siglo XI. Era señor y dueño de esa villa, el obispo Don Gudesteo, y la dono con sus praderas, pastos, montes, molinos, y pesquerías en el río Lena, a la Iglesia ovetense que la regia entonces (20).

Este prelado ilustre, oriundo cuando menos de Lena, si bien hay motivos para suponerle natural de su territorio, fue muy estimado por el rey Bermudo II, hasta que “por dar crédito falso a parleros” como dice el canónigo Tirso de Avilés, trocó al monarca su valimiento en persecución sañuda.  Lo refiere el obispo Don Pelayo en su “Cronicón Regum Legionensium”, con tonos y detalles propios de una leyenda. Bermudo, escribe el famoso cronista del siglo XII, fue por mas indiscreto y tirano. Arbitrariamente encerró  al obispo Gudesteo en un castillo que llaman Prima de la Reina, en los confines de Galicia, y por tres años le tuvo en prisiones. Dios mando una sequía tan grande sobre la tierra, que ni labrar si sembrar pudo hombre nacido, y el hambre cundió en toda España. Ciertos varones temerosos de Dios, fueron entonces al palacio del rey y hablaron a este: “Señor rey, unos siervos de Dios tuvieron revelación, y nos lo han dicho, que por el gran pecado que hiciste con  poner en la cárcel a Gudesteo, ni caerá lluvia, ni de tus dominios saldrá la miseria, hasta que libertes a aquel obispo y viva en Paz”.

Oyolos el rey y despacho mensajeros al obispo de Astorga que tenia encomendada la diócesis ovetense, ordenándole soltar a Gudesteo, y dejarle libre a su prelacia. En aquella hora, abundante lluvia cayo sobre el haz de la tierra, y los campos dieron fruto y huyo el hambre de los reinos de Asturias y León.

Por los documentos del siglo XI y especialmente por la donación de Fernando I (21) se puede completar en el cuadro de la población de Lena. Sabemos que ya existían entonces Memorana y su templo de Santa Columba, Villanueva de Sorriba, Zureda,  Jomezana, Collada, Telledo, La Cortina; y cerca de Parana y en el Coto del Monasterio, Linares con la Iglesia de San Mamés u Ripa-farta con la suya de San Pedro bajo el monte de La Cariza; Barcenella, Olles (¿Buelles?), Fresnedo, la ermita de Oria en el valle de Cabezón, dedicada a Santa María (22).

Navedo, con mas la Iglesia de Santa Eulalia, hoy de San Bartolomé, donado en 1.038 al convento de San Vicente de Oviedo por una religiosa llamada Goto, y la de San Sebastián, sobre el río Lena que había pertenecido al conde Donelle Majitiz, merino del rey.

El territorio de Lena estaba ya muy poblado como se ve y comprendía, a semejanza de lo que paso en mas regiones de Asturias, otras pequeñas agrupaciones, entidades o diminutos concejos, en cada uno de los cuales había para su defensa un castillo, quizá levantado sobre restos de otro de remotos tiempos, ya de los romanos cuando dominaron a los astures o sobre las defensas dispuestas por Alfonso I el Católico y sucesores en el trono asturiano. Ya por el diploma de referencia o por ruinas de dispersos sillares, cuando no por insistente y secular tradición, sábese aquí de existencia de tales baluartes.

 El de Pajares, llamado hoy Sierra del Castillo - a cuyo pie hay un paraje que se llama Polación, sitio del antiguo Pajares - cerca de unos prados que probablemente por haber sido entonces tierras de labor, se llaman actualmente “las erias”. Jovellanos menciona vestigios de otro castillo en una peña escarpada sobre el río en términos de Fresneda de San Martín de Puente de los Fierros; el nombre de Castiello mas abajo indica otro tanto; por tradición antiquísima se han transmitido referencias de otro castillo roquero en Villayana; y a este tenor en otros sitios del dilatado Lena.

De un suceso importante aunque oscuro y controvertido, que las crónicas refieren incompleta o confusamente y que la tradición también desfiguro y abulto con fantástica leyenda, debe hacerse mención aquí y en este periodo de la historia asturiana. Tal es la muerte de Sancho III o el Grande de Navarra, de quien se cuenta que hallo traidora y alevosa muerte en Campomanes por fría venganza de encubierto enemigo, diciéndose que de este sangriento trance tuvo origen el legendario adagio: “Si la ficiste en Payares, pagarasla en Campomanes” (23). No es fácil depurar con critica el suceso por las dichas confusión y vaguedad de los elementos históricos.

Cuando murió el joven Conde de Castilla a manos de traidores asesino en mayo de 1.029, paso el condado a Don Sancho de Navarra por derecho de su mujer Doña Mayor o Doña Elvira, hermana de la infeliz víctima de los Velas en quien termino la línea de Fernán González. El monarca navarro ambiciono extender sus estados y se metió injustamente en los de León, apoderándose de territorios entre le Pisuerga y el Cea, donde puso limite a su reino.  Leoneses, asturianos y gallegos tomaron las armas en defensa de su rey Bermudo III, casado con Doña Jimena o Urraca - que de ambos modos la nombran los documentos - hermana también de Don García el desventurado conde.  

Parece que Don Sancho dispuso la restauración de la ciudad de Palencia, encomendando este cuidado a Don Ponce, obispo de Oviedo, de quien es de extrañar estuviere en tan estrechas relaciones con el rey navarro, siendo súbdito del de León, a no ser que aquel considerase pertenecer a la Iglesia ovetense la tierra palentina por antigua concesión de Alfonso el Magnánimo.

La guerra iniciada entre los reyes asturianos se detuvo por concierto y boda de la infanta Doña Sancha hermana del leones, con Don Fernando, hijo del navarro, celebrada en 1.032. Sin pretexto apenas corrido un año volvió Don Sancho a la contienda apoderándose de Astorga y entrometiéndose por el Bierzo, León y Asturias, dilatando por tan injustos medios los bastos estados,  que ya gozo por brevísimo tiempo, pues en 1.035 le sorprendió la muerte, aciaga según Viñoles y Carballo, en los montes de Lena yendo a visitar las reliquias y el templo de San Salvador en Oviedo; o natural, según los prelados cronistas de Toledo y de Tuy, después de repartir las tierras de su herencia y conquistas para cuatro coronas de hijos. No es fácil hoy depurar tales extremos y hay textos para apoyar la sangrienta asechanza por antiguos resentimientos en vida tan revuelta como la de Don Sancho; pero también la fatiga o de senectud en tan anciano y valeroso caudillo (24).

Antes de pasar adelante conviene referir aquí memorias de Santa María de Arbas, que aunque enclavada hoy en términos de la provincia de León, históricamente perteneció a la de Oviedo. Además, aquella fundación influyo poderosamente en el pasado de Lena; con su territorio y entidades tubo intima y accidentada relación; y si por aquel reparo geográfico hemos de prescindir da la relación artística del bizantino monumento con vestigios románicos y góticos amen de posteriores restauraciones, no podemos prescindir de interesantes noticias de su pasado confundido en tantos siglos con el de Lena.

Fundada la casa de Santa María, a semejanza del monástico albergue del Monte San Bernardo, para amparo de caminantes y peregrinos, a San Salvador de Oviedo y Santiago de Compostela, la leyenda popular refriere su primer asomo con la llegada de dos hermitaños a aquel lugar abrupto a donde también vinieron dos regios varones huidos de su lejana tierra para expiar en penitencia un tremendo delito. Formada así la naciente comunidad, esta empezó a levantar el templo y vivienda capaces a su beneficio propósito de protección a los peregrinos. Y refiere también la tradición que un obrero virtuoso llamado Pedro se durmió rendido al trabajo y que fue despertado por extraña voz que le gritaba: ¡Pedro despierta!.

Vio entonces que un terrible oso se cebaba en uno de sus bueyes que le servían en el acarreo de materiales; y Pedro inspirado, se acerco a la fiera asturiana, que se le entregó sumisa y se cejo uncir con el buey que quedaba para continuar en el transporte de piedras y maderas.

Así cuentan que se fundo la Abadía de Arbas, servida por abad y canónigos reglares de San Agustín, y favorecida consecutivamente por reyes, próceres y gente piadosa. De su principio cierto no hay fecha segura, si bien en información moderna se deduce por donaciones particulares de 1.103 la existencia anterior del templo dedicado, a Santa María con el titulo de Arbas del Puerto; y es de significación el documento de 1.114 por el que el conde Don Froila Dieguez  - que venia como confirmante de diplomas en la época - con la condesa Estefania y sus hijos, aparecen como espléndidos favorecedores del Monasterio, reinando Doña Urraca, otorgándole extensos territorios (25); mas con todo no aparece con fijeza la primitiva fábrica de la Abadía. Ya estaba terminada en tiempos del emperador Don Alfonso, y este y su hijo Don Fernando II hicieron donaciones en favor de los canónigos y pobres  que se amparasen en el expresado albergue. En 1.214 Alfonso IX visito la piadosa morada y dono a Martín Muñoz, abad entonces, y a sus canónigos, el realengo de chozas “In Ponte de Ferros” con la condición de que hicieran aniversarios el dia de la Purificación de la Virgen, y que uno de ellos hiciese oración por el durante un año; disponiendo se socorriese con pan a todo el que lo pidiese en aquel hospital; y probablemente le dio entonces a Lena, con la condición de dar trescientos áureos para el acueducto del Cister (26). En 1.1216 el mismo rey y su hijo primogénito Fernando, se hospedaron en Arbas y confirmo las donaciones que su padre y abuelo habían hecho al Monasterio, añadiéndole de su cuenta mas rentas para socorro de vino a los viandantes por aquel “tan santísimo lugar, de donde quiera que vengan, tanto el hombre bueno como el malo, siempre que pidan humilde y devotamente la limosna de caridad”, eligiendo entre los pobres y transeúntes, a los huérfanos, viudas y peregrinos, legos y clérigos, que oren por el, por sus padres y por los fieles vivos y difuntos en la capilla. Confirmo asimismo todas las anteriores donaciones, eximio a la fundación de toda clase de cargos, dono cien aranzadas de viñas en Toro, el portazgo de Puente de Fierros, con todo lo que allí había de realengo, muchos terrenos, caseríos y ganados en los Argüellos y otros puntos, y Lena integra.

A este ejemplo en los siglos XIII y XIV los reyes San Fernando, el Sabio Alfonso, Sancho el Bravo, y el Emplazado Fernando, siguieron amparando al Monasterio en 1.217, 1.245, 1.270 y 1.304, refiriendo el Padre Sarmiento, que vio la última confirmación, ser este un documento por muchos conceptos notable (27). A igual prosperidad de Arbas contribuyeron nobles y gente piadosa. En 1.212 Pedro Mauro de Aller y su mujer Jimena Pérez ofrecieron sus personas y riquezas a Dios, a la Virgen y al abad Don Fernando y a sus sucesores, prometiéndoles obediencia y vivir si tener esa propia. En 1.266 procediendo el ascenso de Don Pedro, obispo de Oviedo dividió el abad con acuerdo de su cabildo en tres partes el total de las rentas, aplicando una a la Abadía, otra al Cabildo, y la tercera al Hospital, y que, disuelto el vinculo de la religión quedaron secularizados, según podía comprenderse, en 1.419. Este año se establecieron por el obispo de Oviedo Don Diego Ramírez de Guzman y el abad de Arbas, algunas constituciones concernientes al restablecimiento de la disciplina, señalando entre otras, el termino de jurisdicción abacial, su conocimiento en primera instancia de todas las causas relativas a los clérigos y seglares de la Abadía, con imposición de censuras, y otras reglas de orden interior para lo referente al culto divino y administración del Hospital. DE esta suerte, con rentas, privilegios y preemencias creció en importancia la Abadía de Arbas y mejor respondió a su destino. Sus campanas tocadas al vuelo y sus servidores dando voces por aquellos caminos abiertos sobre el abismo, servían para enveredar a los pasajeros dándoles después albergue, alimento y abrigo. Y era el abad prebendado de muchos derechos y exenciones con mas presentación de beneficios y curatos de las provincias de León, Zamora, Valladolid y Oviedo; siendo suyas las Iglesias de San Martín de la Pola, San Félix, hijuela, y San Miguel de Robledo. Mas adelante volveremos a ocuparnos en esta fundación que tiene papel principalisimo en los anales de Lena (28).

¿Y de cuando data la organización municipal de Lena? No es fácil puntualizar esta fecha, pero puede señalarse a comienzos del siglo XII.

El año 1.115, en la pascua de Pentecostés, gobernando la Iglesia de Oviedo el famoso obispo Don Pelayo, se celebra en la Iglesia de San Salvador un concilio, al que asistieron los primates de Asturias y representantes de la plebe de toda la región. Allí concurrieron de los territorios de Lena y Huerna (suscriben juntos el documento), y es preciso que lo hiciesen como entidades sociales con organización conveniente y medios de perseguir a los ladrones, sacrílegos y diversas clases de malhechores que abundaban por nuestra tierra. Considerabase acertadamente esta asamblea como una de las primeras manifestaciones de la organización representativa asturiana, que llegó hasta nuestros días con denominación de Junta General del Principado, donde después concurrieron los procuradores del concejo, ya establecido como tal, y los de episcopal jurisdicción, enclavada entonces en su demarcación presente.

Fué aquella la de Pajares con su mencionado castillo donado el 14 de Octubre de la era 1.222, (año 1.184) por el rey Don Fernando y su hijo Don Alfonso al obispo de Oviedo Don Rodrigo y a su Iglesia de Oviedo, con mas los de Proaza y Monte Gaudi, por el servicio de sesenta áureos que el prelado y su cabildo le habían hecho para la batalla de Cáceres (29).

La fortaleza debió ser coetánea de las Gordón , Alba y Luna, (30) puestos avanzados en las montañas asturianas y probablemente de fundación de los reyes ovetenses antes de la traslación de la Corte a León; pero cuando la ducha fundación fernandina, ya la reconquista había ensanchado sus fronteras, que no temían ataques por aquella región. Fue el castillo de Pajares como cabeza o punta central del concejo u obispalía, que durante siglos fue del dominio y gobierno de los Pastores ovetenses como las tierras de Arbas dependían de sus abades.

De no muchos años antes, en 1.250, es una carta de compensación que hicieron los vecinos de Campomanes (31) con el obispado de Oviedo.

Y esto acusa nueva entidad en Lena, de la que fueron fundiendo sucesivamente para formar el concejo grande. Su templo y pertenencias fueron donadas por el citado rey Fernando II en 1.168, al obispo Don Gonzalo y a su Iglesia de Oviedo, comprendiendo no solamente la de Santa María de Campomanes con todas sus heredades y con la de San Antolino  (Sotiello) con sus términos entre los ríos Lena y Orna.

De Lena y Huerna fueron los personeros o apoderados que acudieron al rey Sabio solicitando les donara los realengos que allí tenia para levantar una puebla en Valagar, con fuero para su gobierno y tributos para la corona, a lo que se avino el monarca, que concedió en 1.256 la carta - puebla con fuero de Benavente cuyo texto hemos de reproducir aquí para que mejor juzgue el lector del contenido y alcance de sus franquicias en instrumento similar a los de aquella época en que el idioma local era como establecimiento y código del nuevo pueblo con aquella variedad que califica una época histórica de nuestra legislación.

Dice así el documento, que ya fija la constitución y régimen forales de Lena:

“Sepan cuantos este privilegio vieran ante Nos Don Alfonso por la gracia de Dios rei de Asturias, de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, etc. vinieron Juan Martínez, e Abril Pérez, e Pelai Catriaus con carta de personia del concejo de Lena i de Huerna, e pidieronnos por merced que les diésemos i les otorgásemos los muchos cilleros y los nuestros realengos que habíamos en estos lugares sobredichos, e que ficiesen puebla en Valugar, cual Nos tuviésemos por bien, e que les diésemos fuero a que poblasen, e por esta merced que Nos ficiésemos, que nos darían cada año novecientos maravedis, en esta guisa; los cuatrocientos e cincuenta en la de San Juan e los otros cuatrocientos e cincuenta por la Navidad; i además cincuenta maravedis por yantar, los veinte i cinco al rico-home que tuviere la tierra por Nos, i los otros veinte i cinco al Merino que iandare; e Nos por les facer bien i merced, e por que la tierra se pueble mejor i sean mas al servicio de Dios i de Nos, otorgámosles que fagan la puebla en Parayas i damosle los nuestros realengos que Nos habemos i debemos haber, e todos los nuestros cilleros de Lena y de Huerna con cuanto les pertenece, salvo ende los portazgos i las Iglesias, que tenemos para Nos; i dámosles el fuero de Benavente, i que pongan jueces i alcaldes, ansi como los ponen en Benavente; e otros y mandamos que de aquí adelante non ande i Merino del rico-home que tuviere la tierra por Nos salvo queda quien recuerde los sus derechos con los jueces o alcaldes de la puebla sobredicha; e dámosles que hayan por su alzor cuanto a Nos pertenece en toda Lena i en toda Huerna desde la Bovia de Arbas fasta el Padrón; e por estos novecientos i cincuenta maravedis que Nos ha de dar cada un año ansi como es sobredicho, quitamos a todos lo que vinieren a poblar a esta puebla de todo fuero i de toda facendera, de maneria, de boda, y de todo otro tributo que solían facer al rico-home que la tierra tenia por Nos; e por les facer mas bien e mas merced, dámosles mercado e mandámosles que lo fagan cada lunes en esta puebla sobredicha; e todos aquellos que i viniesen, mandamos que vengan salvos e seguros con todas sus mercaderías; e defendemos que ninguno sea osado de los embargar, ni de los contralor, ni de quebrantar el mercado en ninguna manera, dando sus derechos aquellos que a el vinieran allí o los hubieran a dar;

e ninguno no se osado de ir contra este nuestro privilegio para quebrantarlo ni para menguarlo en ninguna cosa, ea cualquiera que lo ficiese habría nuestra ira a pecharnos hian mil maravedis e a los de la puebla sobredicha, o a quien su voz toviese todo el año doblado; e porque esto se firme i estable, mandamos sellar este privilegio en Sevilla por nuestro mandado, martes seis días andados del mes de Abril de la era 1.304”.

Dicen algunos que Pola de Lena se llamó primeramente “Pobla de Paraya” en inmediaciones de la villa y términos de San Miguel de Reboreto, de que restan como vestigios ruinas y sepulturas; y que en un montículo cerca de la Pola se hallan asimismo sepulcros antiguos bajo grandes losas, pero bien se ve que no son estos restos mas que base débil para conjeturas, y no cierto para poner la fundación de la actual villa en sitio diferente de donde hoy se halla, aunque en aquellas centurias pudo llamarse “Paraya” el lugar fundacional. Estaba entonces como en el centro del concejo realengo, pues Mieres era del territorio de Lena. Lo que si se deduce del diploma foral, es que, ya de una manera mas determinada, en el último tercio del siglo XIII, Lena ya tenia por uso antiguo y consuetudinario gobierno concejil, limitándose a obtener de Alfonso X su solemne reconocimiento con mas libertades y derechos.

Tuvieron estos regia sanción de monarcas posteriores y hemos de agrupar aquí estas confirmaciones para mas completa historia de fuero de Lena: Sancho IV en Toledo a 31 de enero, era de 1.328, (año de 1.290); Alfonso XI en Valladolid, a 30 de Diciembre, era de 1.363 (año 1.325); Enrique II en León (con sello de la povidad el privilegio registrado aparte) a 9 de Febrero, era de 1.408 (año 1.370); les dio el mismo privilegio en pergamino y con sello de plomo; Juan I en las Cortes de Burgos, a 3 de Agosto, era de 1.417 (año 1.379), les da como privilegio rodado el anterior a petición de los de Lena; Juan II en Segovia, a 8 de Agosto de 1.407, en Valladolid a 20 de Agosto, y en Simancas a 25 de Agosto del mismo año; Enrique IV en Medina del Campo, a 15 de Septiembre de 1.456; los Reyes Católicos en Medina del Campo a 15 de Septiembre de 1.480; Carlos I en Valladolid, a 3 de Junio de 1.542.

Donde primero sonó el concejo con vida propia y legalmente reconocido fue en la hermandad de Valladolid de 1.295, reinando Fernando IV, cuando el poder de los comunes ofrecía fuerte resistencia al amparo de sus fueros y exenciones contra los nobles poderosos que menoscababan la dignidad y el poder de la corona e impedían el desenvolvimiento de las prerrogativas forales. Gobernaba el revuelto estado la regia tutora Doña María de Molina cuando los pueblos se confederaron en “Hermandades”; y a este objeto concurrió Lena a Valladolid en la fecha mencionada en unión de concejos de León, Zamora, Salamanca, etc., y con los de Oviedo, Avilés, Tineo, Colunga, Grado, Cangas, Pravia, Llanes, y Ribadesella (32)
 
Suscribió también la dicha hermandad, la “Puebla de Mayabón”, que algunos quieren reducir, sin fundamento para ello, a población desaparecida entre Quirós y Lena; pues de ser cierto, mas vestigios quedarían. De lo que tuvo en lo antiguo régimen municipal, en una u otra forma quedan datos o señales mas o menos vagos, lo que aquí no acontece; ni aún siquiera como agrupación parroquial mas o menos extensa y con mayor o menor lejana autonomía. Así acontece en Lena con localidades ya citadas, con Pajares, de quien se dice que también tuvo fuero en 1.266; lo que no se compadece bien con su régimen y gobierno episcopal ya referidos, debiendo ser el dato que apunto Jovellanos (33) copia de importante constitución del prelado señor de la Obispalía.

Mas separadamente resulta la consideración del territorio de Fierros, como concejo por diploma de la edad media, cuando en 1.206, en tratados de paz entre Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, se nombra el portazgo de las “Fontes de Fierro”, o de “Las Puentes del Fierro”, en pergamino de los tiempos de Alfonso IX y Fernando El Santo (34). Reinando este, el concejo de Oviedo se querelló de que la “Puebla de Llanes, la Puebla de Gordón, Villanueva y Las Puentes del Fierro”, les tomaban portazgo sin derecho para ello, pues no lo habían hecho en tiempos de su padre Alfonso IX de León. El rey dio entonces una Real Cédula en 1.248 dirigida a las dicha colectividades para que no tomasen portazgo a los vecinos de Oviedo, por medio de sus personeros, alegasen sus razones en el caso. Veinte años después el concejo de Oviedo pidió al rey Don Alfonso X merced de que mandase trasladar en pergamino de cuero esta carta escrita en pergamino de papel para su mayor permanencia. El rey accedió el dia 12 de enero de 1.268 (35).

Sobre estas agrupaciones prevalecieron, como se nota, el territorio abacial de Arbas, el episcopal de Pajares y el realengo y libre de Lena, que tuvo sobre todos natural importancia por su territorio, población y también por la significación de principales solares.

Sin ningún acontecimiento memorable en su región durante los comienzos del siglo XIV, como no sea la ya dicha y regia confirmación de su carta-puebla por Alfonso el Justiciero, no es muy aventurado suponer que alcanzaron a Lena la lucha y las discordias intestinas entre los partidarios del rey Don Pedro contra los de su bastardo hermano Don Enrique de Trastamara.

Nuestro concejo debió inclinarse al bando del rey legitimo, pues Iván Bernaldo de Quiros, de esta ilustre casa en Lena, concurrio representando al municipio en la hermandad o asamblea de los asturianos congregados en la Iglesia conventual de Santa María de la Vega en 1.307 para hacer ayuntamiento, confederación y jura en defensa del rey natural Don Pedro, y tomar acuerdos de gran resolución y coraje, avivados todos aquellos nobles por el patriotismo y la fidelidad mas acendrados; pero también otros caballeros de la comarca siguieron a Don Enrique, y a sus huestes prestaron armas y auxilio.

Des esta división de las gentes de Lena, y de la gratitud que a sus partidarios mostró Don Enrique de las Mercedes, encumbrado al trono tras la sangrienta jornada de Montiel, da testimonio el privilegio que otorgó a Lena a de Febrero de 1.368, ampliando las franquicias de su fuero, “por facer  bien a merced a bos el concejo e omes buenos de la Puebla de Lena por muchos serbizios que nos fizistes e faredes de cada dia, tenemos por bien que sea desquitos et esentos que alguno nin alguno de los vezinos e moradores del dicho conzejo de Lena, e de su término, e de su alfoz, ansi hijosdalgos como foreros que non paguedes bos nin buestras bestias portadgo, nin pasage, nin monda, nin castilleiro, nin barcage nin vela, nin otro derecho alguno de los que andan camino suelen pagar, en cualesquiera lugares de los nuestros”.

Don Enrique había reconocido y favorecido espléndidamente, como es sabido, a su hijo natural Don Alfonso Enriquez a quien cedió, como señorío condal, los estado de Gijón y Noreña, a cuyo amparo quiso el inquieto conde mas y mas extender su señorío por Asturias, con exenciones y gabelas en diferentes localidades. A la defensa de sus derechos y libertades congregáronse los pueblos en animosa junta celebrada dentro de la Sala Capitular de San Salvador de Oviedo en 1.378, con presencia del obispo Don Gutierre, de sus comenderos del turbulento infante con varios de sus vasallos y de algunos caballeros principales de la provincia. Fueron procuradores de Lena, Gonzalo Alvarez de Campomanes y Alonso Pollino; y de aquella reunión salieron acuerdos que aprobó Don Enrique II para que al conde Don Alfonso únicamente tributasen Gijón y Noreña, estados propios de su señorío, pero no las tierras de realengo, y de la Iglesia, como entre otras, eran Lena y Pajares.

En el siguiente reinado, Don Juan I, nuevamente el falaz conde Don Alonso quiso extender sus dominios por tierras de la corona amparándose en favores que su amante e irreflexivo padre le hiciera en el testamento; perturbó la provincia en diferentes correrías; el rey amparó y libertó otra vez de tributos las tierras de la Mitra, entre ellas el “Coto de Pajares”, por Real Cédula de 1.381; y para ahogar la rebelión del infante vino el monarca a Asturias, sometió por dos veces al perjuro Don Alonso, arrasó Gijón, contando para estas guerras con el concurso de los concejos asturianos, entre ellos Lena, en cuyo recinto acamparon las tropas reales cuando vinieron a la guerra asturiana.  

Erigido Asturias en Principado en 1.388 e incorporado su territorio a la corona en condición de innegable, mejoró su administración, se organizó la justicia, y así, con éxito, pudieron defenderse la municipalidades de los Quiñones y otros próceres que abusaron de los revueltos días en que vivieron los monarcas de la Casa de Trastamara, hasta que por ventura providencial vino al trono de Castilla la reina Doña Isabel I.

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1 - Ciertos códices de Idacio escriben “Nerbasis montibus”, y en alguno de la Historia de los Vándalos de San Isidoro, se lee “Herbasis”

2 - En el siglo X ya se habla de iglesias bajo la adbocación de San Pedro, San Juan y San Roman, situadas en lugares con la denominación común de Arbas. En el S.XII se llamo “Arbolios” en el XIV “Arbuellos” hoy “Argüellos” dentro de la que esta enclavada la Colegiata de Arbas. 

3 - Argaiz en su obra “LA SOLEDAD LAUREADA POR SAN BENITO Y SUS HIJOS”, enumera los monasterios de: Santa Cristina de Vega del Rey, Santa María de Parana, y Santa Eulalia sobre el río Lena. Ignoramos cual sea este último. (¿Puede ser Ujo?).
   
4 - Alfonso III, en la era DCCCCXIII, año 39 de su reinado, dona a la iglesia de San Salvador de Oviedo: “Inter Ornan et Lenam… Monasterium S. Claudi per suos terminos et villan que dicitur Erias… Et super Lenam… Monasterium S. Eugenie de Moreta cun omnibus degeneis suis. Super flumem Ferros monasterium S. María de Paramos cum omnibus degeneis suis.
     
5 - En tiempo del emperador Alfonso VII, existía en Valdedios la antigua comunidad de monjes de San Benito, dotando allí mismo un nuevo monasterio con la reforma del Cister.
     
6 - Según documento fechado en la Pobla de Lena a 27 días del mes de abril de 1.430, Diego González vecino de Campomanes, fue apoderado del Monasterio de Santa María de Valdedios para tratar con los vecinos de Felgueras, Alcedo y Palacio que amenazaban con despoblar dichos lugares si continuaban exigiéndoles el “nucio”. Autorizan el documento, Pedro Alvarez el mozo, Juan del concejo de Lena, y Diego Fernández de la Vega del Rey, alcalde de Lena de Yuso.
7 - Recogió el padre Argaiz cuanto se decía en el país referente a la iglesia de Santa Cristina que decía así: “Y algunos mas curiosos como son unos caballeros de Quirós y de Miranda que tienen sus casas y tierras por allí cerca, dicen que la fundo el rey Don Ramiro el I, que venció la batalla de Clavijo.
   
8 - Opina así la Real Academia de Historia, que sirvió de legal fundamento al Sr. Alejandro Pidal y Mon, que siendo ministro de Fomento, en 1.885 declaro esta ermita monumento nacional, por Real Orden de 24 de Agosto, a petición de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Asturias, y ordenando además importantes obras de restauración, dirigida por los arquitectos Sres. Velázquez y Lázaro.

9 - Que hubo viñas en Puente de los Fierros, se dice en escritura de donación de Alfonso IX a Santa María de Arbas. En San Claudio de Erias también, ya que hay una finca  llamada “Viña del Monasterio”. En cuanto a Santa María de Parana, el mismo nombre parece confirmar la tradición: Parana en baja latinidad, significa sebe o muro que separaba las viñas.
   
10 - No es posible determinar el origen y fundamento del dominio de los monasterio de Parana y Valdedios sobre unas mismas haciendas, pues la tradición acaso confunde el dominio en que ellas tuvo la Orden de San Benito. De modo pudieran ser noticias distintas a unos bienes próximos a Santa Cristina de Vega del Rey, que fueron donados por Alfonso VII al monasterio de Valdedios cuando quedo extinguido el de San Pedro y San Pablo de Lena.
     
11 - En el archivo de la catedral de Oviedo, y otorgada en 1.393, existe una permuta de esta abadía por otros beneficios en Salamanca.

12 - Véase carta de privilegio otorgada por Fernando I con su mujer Sancha, y sus hijos, Sancho, Alfonso, García, Urraca y Elvira, en la era MLXXV donde se lee: Et qui irruptionem fecerit in Palatio, vel in hereditatibus Sancti Salvatoris, talem calupniam veddat pro illis, qualem pro nostris propriis.
   
13 - Eran siervos adscriptos “obnoxación” los que voluntariamente se sujetaban a la servidumbre de otra persona, los había de dos clases; unos que se aproximaban al estado de hombres libres, y otros al de los siervos.

14 - Adquisición de tierras en dominio alodial por ocupación.
   
15 - A este origen tradicional del cobro del diezmo por algunas familias nobles,  se debe atribuir el derecho de presentación y demás anejos al patronato que sobre algunas Iglesias de Lena, ejercitaron ya en el siglo XIV, los marqueses de Camposagrado, los condes de Peñalba, y otras ilustres familias. El beneficio curado de San Antolin de Sotiello, fue de presentación de las casas Miranda y Ponce de Llanuces de Quirós.. Los marqueses de Camposagrado tenían derecho de presentación en las Iglesias de San Cristóbal de Tuiza, y su aneja de Santa María de Campo, San Vicente de Columbiello, San Juan de Malvedo,; y en Santa Eugenia de Casorvida, por mitad con los vecinos y parroquianos.

16 - Donación de Bermudo II a la Iglesia de León, a su prelado Savarico y a sus canónigos.
   
17 - Donación de Alfonso III a la Iglesia de San Salvador en la era DCCCCXIII: “Et super Lenam ecclesiam S. Marie de Castiello, et S. Andreae, et Salvatoris  de Guiedoro, et S. Felicis de Banao, totas cum adjecentiis”.
   
18 - Donación de Ordoño I a Frominio obispo de León en la era DCCCLXVIII: “Sucas fluvio Lenam ecclesiam vocabulo Sancte Eulalie que est fundata in Villansio”.
   
19 - Donación de Alfonso III a la Iglesia de San Salvador en la era DCCCCXIII: “Super flumen Lenam villam quae dicitur terminalia ab integro, Ecclesiam S. Vicente cum omnibus suis adjacentis”.

20 - La Iglesia de San Miguel de Robledo fue antiguamente la parroquial de La Pola, donde solo había una capilla de San Martín, dependiente de la Iglesia de San Martín de Gargara (Villayana).
   
21 - La Iglesia y lugar donados a San Salvador por el rey Fernando I, y la reina Sancha, eran en el sitio llamado San Julián de Valle, perteneciente a la parroquia de San Miguel de Zureda.
   
22 - El Padre Risco, vio esta escritura de donación en el archivo de San Vicente de Oviedo. La confirman los reyes Fernando I, y Sancha.

23 - Refranes y proverbios en romance que coligió y gloso el comendador Hernán Nuñez Lérida en 1.621.

24 - El Padre Carvallo refiere la muerte con esta versión: “La muerte de este rey fue imputada a alguno de la familia de los Valdeses. Campomanes fue destruido por esta muerte, lugar que entonces era muy grande y populoso en el camino que viene de León para Oviedo.

25 - Informe sobre la Colegiata en 1.784. (Patronato de Castilla, legajo 1.934).
   
26 - “Sicut debit vobis ipsam terram de Lena, quod una vice detis CCC áureos ad aquaeductum Monasterii de Cistel ut possitum est”. Resulta también de compulsa y atestado hecho en 1.708 por los notarios “latinos” de Oviedo, Pérez Mier y Alonso de Candamo, de un privilegio de Alfonso IX en 1.215, que también donó una heredad realenga llamada Orna con todos sus cotos y encartaciones.

27 - Alfonso X declaró validas las anteriores donaciones “salvo en el portazgo de los Puentes y las tierras de Lena que tenemos para Nos y no lo confirmamos porque el Monasterio sobredicho no avie la tenencia de ellos. El mismo rey en privilegio dado en Burgos en 1.270 donó al Monasterio de Arbas, las Iglesias de San Juan de la Pola de Amandi en Villaviciosa y de San Pedro de Suso. (Estatutos de la Real Iglesia Colegial de Santa María de Arbas del Puerto de Pajares y su Hospital de Peregrinos).
     
28 - Eran también de su presentación las de Santa María de Murias y San Juan de Santibañez en el concejo de Aller; Santo Toribio de Lindes en el coto de este nombre en Quirós. Entre otras propiedades tenia el puerto de Antrelluza en Carreño, con un impuesto sobre la pesca de la ballena; asimismo el diezmo y portazgo de Villanueva de Rodiezmo.

29 - Archivo de la catedral de Oviedo -  Regla colorada folio 70. Confirmantes: El obispo de Oviedo Fernando Rodríguez Castellano, dominante de Asturias; el Conde de Gómez, en Trastamara; el Conde Alfonso, en el Bierzo; Pedro Rodríguez, en Luna; Gutierre Rodríguez; Rodrigo López Mayordomo; Rodrigo Fernández signifero del rey; Alvaro Díaz; Suero Menéndez; Gutierre Sebastianez; Suero Pelaez; Pelayo Guejal, Gonzalo Pelaez de Tineo. 
   
30 - De Alfonso III dice el cronicón Sampiro: “Fecit etiam Castella pluvima… Ins territorio Legionense Lunam, Gordonem, et Alban in Asturias Tutelam Gansonem”
   
31 - Archivo de la catedral de Oviedo - Regla colorada folio 113. Esta incompleto el documento y falta la fecha. Es de advertir que en la del texto estuvo la sede vacante de agosto de 1.249 a principios de 1.251.

32 - Memorias de Don Fernando IV de Castilla.

33 - Cea Bermúdez en sus “Memorias para la vida de Jovellanos” entre otras muchas copias de documentos y extracto debidos al ilustre gijonés, cita el fuero de Pajares en 1.266.
   
34 - Real Cédula de 16 de Junio, era de 1.286 (año 1.248)
   
35 - Real Cédula de 16 de Junio , era de 1.286 (año 1.248)